El Celta se topa con un muro

Juan Villar VIGO

DEPORTES

La solidez del campeón de Europa, que renunció al gol, determinó el empate

01 oct 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

El Milan viajó a Balaídos con su oficio en la mochila. Llegó con la estrategia que le llevó a conseguir el título : impedir que el rival juegue y esperar sorprender a la contra con su calidad. Lo primero se cumplió, lo segundo no. El Celta estuvo centrado, pero no encontró la fórmula de entrar con peligro en el área rival. Un punto más para el Celta que al menos mantiene intactas sus opciones. Las noches europeas mágicas del Celta siempre se han producido con arranques de partido vertiginosos ante equipos de primer orden. El Milan no es el primer campeón europeo que ha pasado por Balaídos, pero los celestes quizás le tuvieron demasiado respeto inicial. Lotina optó por la prudencia y por otro de sus experimentos tácticos, que no parecía muy apropiado ante un rival, paradigma del orden, que se sabe de memoria todos los movimientos que tiene que realizar. El técnico sacó un equipo sin referente en ataque, ya que dejó a Milosevic en el banquillo. Eso se tradujo en que el balón circulaba correctamenta hasta la mitad del campo defendida por los italianos, pero cuando el balón aterrizaba en los pies de Gustavo López, Mostovoi o Jesuli, estos carecían de una referencia cerca del área para profundizar en el juego. Había demasiados metros antes de llegar a la zona en la que se puede fabricar el gol. La posesión era céltica, pero eso no es extraño aunque el rival sea el Milan, porque los de Ancelotti se alzaron con el título europeo a base de defenderse. Lo cierto es que ninguno de los dos equipos generó una ocasión de gol hasta el minuto 34, y eso a priori favorecía los intereses milanistas Una prueba de la dificultad para llegar a la meta defendida de Dida fue la acción individual que realizó Jesuli arrancando desde el centro del campo, en la que sorteó a tres rivales y ensayó el remate desde fuera del área al no encontrar ningún compañero en el que apoyarse. La calidad de los celestes afloró antes de la de los rossoneros. Mostovoi y Jesuli estaban inspirados, pero sus pases siempre caían en saco roto. Con esa perspectiva tenía que ser el zar quien rompiese la rutina a la que parecía condenado el encuentro, con un túnel entre las piernas de Nesta y un disparo que obligó a Dida a exhibirse. El ruso presentaba así sus credenciales para una competición en la que estaba loco por debutar. El Milan no se descomponía y jugaba a lo que sabe: agazapado pacientemente como un lobo a la espera de coger desprevenida a su presa. El campeón tuvo la colaboración del colegiado inglés, que en la segunda parte, aún con más de media hora por delante, perdonó la segunda amarilla a Cafú que cortó un contragolpe celeste de forma antirreglamentaria. El partido entraba en su fase decisiva cuando los dos técnicos demostraron que no se conformaban con el empate. Entraron el terreno de juego Milosevic, Inzaghi y Rivaldo. El Celta sacó a relucir su descaro, pero los tímidos remates, casi siempre de Mostovoi en posición forzada, encontraban a Dida bien colocado. Ancelotti dio marcha atrás, temeroso al ver como los celestes se habían echado arriba, y sacó del campo a un desaparecido Shevchenko para meter a Brocchi, un centrocampista de corte defensivo. El Milan decepcionó a quien no le conozca. Combate nulo. Ni frío, ni calor.