Munitis se mete caña

La Voz

DEPORTES

El futbolista hace horas extra a diario en el campo y el gimnasio.

22 sep 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

Minuto 43 de la primera parte del Dépor-Albacete. En plena empanada de los blanquiazules, los visitantes estiran algo sus líneas. Así que carrerita del lateral Montiel por la banda. Pasa delante del banquillo, dice adiós a Irureta y sigue en dirección al banderín de córner. Fuera del campo, paralelo también a la línea de cal, alguien corre al lado de Montiel, acelera y lo pasa en carrera a pesar de que no está jugando el partido. Es Munitis, que calienta para entrar en la segunda parte. Termina el encuentro. Pedro acaba de debutar con el Deportivo (23 minutos de fútbol explosivo). Pero no está satisfecho. Se mete en el vestuario de Riazor y allí vuelve a ejercitarse. Lo de Munitis es sencillamente increíble. Quien lo haya visto trabajar en la banda de Riazor antes de entrar al campo ha tenido que alucinar, sobre todo al compararlo con el nivel de esfuerzo de otros compañeros. Es difícil saber si su actitud obedece a las ganas de jugar en el equipo coruñés o es la secuela de su largo y amargo ostracismo en el Real Madrid. Pero el caso es que el cántabro da lecciones de profesionalidad en cada entrenamiento. Según él, siempre ha sido así, como explicó ayer: «Me gusta cuidarme. Mi trabajo es lo que me trajo al Deportivo y si no hiciese este esfuerzo iría en contra de mis principios». Por su cuenta Ayer, Irureta no ordenó precisamente un entrenamiento suave. Munitis realizó el trabajo físico previo con los futbolistas que no jugaron contra el Albacete. Después disputó el partidillo de rigor con el que finalizó la sesión. No era suficiente para él. Regresó al terreno de juego con el preparador físico, Franganillo, y comenzó una nueva sesión particular. No es que reforzase el trabajo anterior, es que se machacó. Empezó a acarrear balones con las manos de un lado a otro del campo en una carrera continua que combinaba con abdominales. ¡Un espectáculo! Después se metió en el vestuario de Abegondo, pero no para ducharse directamente, sino para inyectarse antes otra dosis de gimnasio; una práctica que realiza después de cada sesión. Eso sí, como algún otro jugador del equipo.