La selección no superó una decepcionante actuación de Gasol y cayó con claridad
15 sep 2003 . Actualizado a las 07:00 h.Ni siquiera hubo emoción. Lituania fue esta vez la que se cruzó en el camino hacia el oro de la selección, la que prolonga la frustración de España en los Eurobasket, donde jamás ha conseguido el título. La selección, mediatizada por una discreta actuación de su estrella, Pau Gasol, durante los primeros treinta minutos no pudo superar esa merma. Frente a la variedad de recursos del adversario, el equipo nacional navegó en busca de una solución individual que nunca llegó. La plata es un gran premio, pero concluir un torneo con derrota siempre suele ser doloroso. Es lo que le pasó a la selección. Si comprueban que Gasol ha conseguido 36 puntos y leen que pensamos que su actuación fue decepcionante, es posible que se confundan. Nada más llegar las estadísticas del partido nos damos cuenta de esa capacidad anotadora de la estrella de España, pero 22 de esos puntos fueron en el último cuarto, cuando todo estaba prácticamente decidido. Hasta entonces, Gasol había sido más una rémora que una solución. España llegó con la reserva encendida a la final y se le notó. La selección precisaba completar un gran encuentro porque Lituania no iba a rendirse con facilidad. Tras el 20-19 de los primeros diez minutos, se comprobó que Gasol tenía prohibido terminantemente pisar la zona rival. Los marcajes, los bloqueos y la atención eran rigurosos con respecto a los movimientos del ala-pívot. El catalán optó por el lanzamiento exterior, lo que llevó a cabo con escaso acierto. El ataque de España, sin balones que pudieran hacer daño en la zona contraria, era espeso, pendiente de un tiro de Navarro o alguna acción del siempre constante Garbajosa, sin circulación adecuada. Lituania, por su parte, encontraba muchos más recursos para romper el dispositivo defensivo y quemó todas sus naves cuando España estaba tocada. Jasikevicius estaba bien vigilado, pero eso no quitó que el pívot Eurelijus Zukauskas se hicierea el dueño de la situación en ambos aros, o que Macijauskas se encargara de romper en pedazos el sueño español. La mejor racha anotadora de Navarro fue la que concedió cierta esperanza a España al llegar al descanso. Sumó nueve puntos seguidos y evitó que Lituania sentenciara antes del tercer cuarto. Si no eran cualquiera de los mencionados anteriormente, surgía Siskauskas o un excelente Songaila. El dominio de Zukauskas -cinco puntos al principio del tercer cuarto- fue el preámbulo de la sentencia. Una defensa zonal lituana acabó por descomponer a la selección, que vio cómo su sueño se desvanecía cuando Macijauskas culminaba una bandeja tras robar el balón (60-45). Ya no quedaba nada. En un torneo con tanta igualdad, parece casi imposible que se consigan remontadas espectaculares. España lo intentó, con todo el corazón en el último período. Pero era tarde.