El Dépor debuta en Riazor ante un Athletic «de los de antes»

Fernando Hidalgo Urizar
Fernando Hidalgo A CORUÑA

DEPORTES

02 sep 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

El Dépor acude a ese ritual de cada año que es el estreno ante su afición. Los coruñeses se medirán en Riazor ( nueve de la noche, en el canal de pago por visión ) al histórico Athletic de Bilbao. Si nos atenemos a los acontecimientos del pasado fin de semana, uno llega con mentalidad ganadora, el Dépor; y otro, con perdedora, el bilbaíno. Pero los resultados, sobre todo a corto plazo, no lo dicen todo. Ni el Dépor salió de la Romareda envuelto en un halo de aspirante a todos los títulos, ni el equipo vasco se fue al vestuario de San Mamés víctima de una depresión tras su derrota ante el Barça. El Athletic de Ernesto Valverde llega a Riazor envuelto en una contradicción, la de una derrota que ha servido para confirmar que entre el aficionado rojiblanco y su equipo existe la química de las grandes temporadas. El público de la Catedral se siente identificado con el nuevo proyecto, con un discurso repetido hasta la saciedad en Bilbao y que habla de volver a las raíces, a Lezama como madre de todos los futbolistas, al fútbol a la inglesa y al sentimiento por los colores como argumento principal. Valverde, por el momento, lleva a la práctica el discurso de su entidad. Ante el Barcelona, nueve de los catorce jugadores que usó el Txingurri militaron en su día en el Bilbao Athletic. Ante el Barça, y casi seguro hoy ante el Dépor, fueron titulares Aranzubia, Javi González, Karanka, Larrazabal, Iraola, Gurpegi y Yeste, todos productos de la factoría de Lezama. En la segunda mitad también jugaron Jonan y Julen Guerrero. No es que haya demasiadas caras nuevas, pero sí las suficientes que permiten profundizar en la política de cantera, como es el caso del interior diestro Iraola y del mediapunta Jonan, ambos jóvenes promesas bilbaínas. Ante el Barcelona mereció ganar el Athletic. Las crónicas en el bocho hablaban de un equipo pletórico, que arrasó de principio a fin al Barcelona, pero que fue incapaz de plasmar una sola de las numerosas ocasiones de marcar de que dispusieron sus delanteros, entre ellos un Joseba Etxeberria que dilapidó hasta dos balones a puerta vacía. El potro de Elgoibar, seguro que no durmió esa noche. De momento, hay una extraña euforia en el entorno del Athletic. Es, a pesar de la derrota ante los culés, como si de repente Bilbao estuviera en un proceso de reafirmación de su filosofía futbolística y en una etapa en la que la autoestima del hincha rojiblanco vuelve a estar como en los viejos tiempos, es decir, por las nubes. El Dépor llega al encuentro en medio de otro proceso. En Zaragoza se ganó, pero no se convenció. El equipo sigue en obras. No se golea con facilidad, Tristán no responde a la infinita confianza que le está dando Irureta; Valerón está bien, pero todavía no es capaz por sí solo de destrozar todo el sistema defensivo de los rivales; y Luque juega en la izquierda, donde de vez en cuando la lía, y donde de vez en cuando se pierde. Por contra, la defensa está en el mejor de sus momentos. Molina para las que no abortan Naybet y Andrade. En cualquier caso, la victoria de Zaragoza ha dado tranquilidad al equipo, pero todavía no ha despejado algunas de las dudas que despierta. Por eso el partido de hoy ante los vascos en una dura prueba para la escuadra de Jabo, que en el caso de vencer ya habría conseguido uno de los primeros objetivos de la temporada: sumar mientras se rueda el equipo y alcanzar una velocidad de crucero que permita después aprovechar la inercia. El partido promete, pero por el momento, los aficionados blanquiazules no podrán ver en acción a la principal novedad del equipo en esta temporada, el cántabro Munitis.