Carlos Queiroz y David Beckham pasaron el examen de su debut en el Bernabéu, ayudando a conquistar la Supercopa, el primer título del año, una inyección de moral tan necesaria como obligatoria que da aire a su equipo en vísperas del inicio de la Liga tras una irregular pretemporada. El Madrid se llevó la Supercopa con la inestimable ayuda de Iker Casillas que en el segundo tiempo dio un recital de reflejos y colocación. Iker ha saltado hace ya tiempo esa escala deportiva y salarial que establece su club. Y ayer fue decisivo. Con Iker, el Madrid juega protegido. Tardó 45 minutos el conjunto blanco en tumbar al Mallorca. Fue un triunfo labrado, muy trabajado, porque el Mallorca aunque le quitan año tras año a media plantilla, sigue plantando cara. Sin Riera, sin Novo, sin sus bandas de antaño, fue Samuel Eto'o otra vez el que abanderó a su equipo. Es ya el camerunés el nuevo «Luis Enrique» para el Bernabeú. Sabe como tocar la fibra sensible del público del Madrid y provocar a unos aficionados que se dejan el alma silbándole cada vez que aparece. Sin embargo, Eto'o no disfrutó de llegada. Queiroz volvió a su planteamiento primitivo de la gira por Asia. A la idea inicial que trajo cuando aterrizó en el Bernabéu. Siempre tuvo claro que la compatibilidad Beckham-Figo se solucionaba pasando a Figo a la izquierda. Y eso hizo ayer, y con una mayor disciplina por parte de ambos. Los dos se desplazaron a sus respectivos costados y no se echaron al centro como en los últimos partidos. Tocó y tocó Zidane, con Figo, con Raúl, con Beckham, con Ronaldo. Incluso con Michel Salgado, enorme en el desgaste. El gol de Raúl en la recta final del primer tiempo vino en una jugada elaborada, de ésas con las que disfruta el Madrid, con un sinfín de paredes y un pase final de Roberto Carlos a Raúl que empujó el balón a la red. A los 57 minutos se acabó la historia de la Supercopa. Figo vio a Ronaldo, el brasileño ganó el desmarque y puso de forma sutil el balón lejos del alcance de Leo Franco. Era el 2-0. Y en la celebración se produjo algo curioso. A los 59 minutos llegó el balón más claro de gol del Mallorca en todo el partido. Bruggink puso a prueba los reflejos de Iker en un libre directo. Iker respondió sacando una mano colosal, que obligó a todo el estadio a corear su nombre. No fue la última intervención de Iker. A los 69 minutos, le paró otro balón increíble a Nadal, que mandó un cabezazo que le sacó a bocajarro. Y otro más a Stankovic en el 76. Iker dio todo un curso. Media Supercopa es suya. Otro cachito de responsabilidad tuvo Beckham quien, después de cambiar los papeles con Ronaldo, marcó de cabeza a un centro del brasileño. No pudo tener mejor debut en el exigente Santiago Bernabeu.