Sólo Arsenio estuvo tanto tiempo en el banquillo de Riazor El presidente hablará en breve con él para tratar sobre la plantilla La mosca ya no está detrás de la oreja. Javier Iruretagoyena seguirá siendo el entrenador del Deportivo la próxima temporada y alcanzará la cifra de seis campañas consecutivas en el banquillo de Riazor, una marca única y difícil de igualar. Sólo un entrenador resiste a duras penas la longevidad de Jabo en el club de la plaza de Pontevedra, Arsenio Iglesias. El de Arteixo llevó las riendas del equipo durante las temporadas 71-72 y 72-73, más el exitoso período de las temporadas 91-92, 92-93, 93-94 y 94-95, culminado con el primer título de la historia de la entidad. El irundarra lleva el mismo tiempo que el arteixán, pero todo seguido y habiendo disputado más encuentros. El acuerdo entre el club y el técnico se hizo de rogar. Según las dos partes, debido a la urgencia del presidente del Dépor por cerrar el contrato de televisión. Pero el asunto se administró envuelto en tal oscurantismo que las dudas sobre la continuidad del vasco tuvieron algo de razonable. Sobre el ambiente planeó la desconfianza del entrenador por la situación económica del Deportivo. También se especuló con la posibilidad de un Jabo expectante ante otras opciones de enjundia, como los banquillos del Barcelona y del Real Madrid. Y la última especulación fue un tira y afloja por la oferta a la baja que Lendoiro habría realizado a su adiestrador favorito. Lo cierto es que Iruretagoyena alcanzó el acuerdo con el Deportivo poco después de que se cerraran los banquillos del Madrid y del Barça y justo después de que el Dépor se asegurara por fin un contrato televisivo para los próximos tres años. Y también es cierto que el entrenador ha tenido que aceptar una rebaja considerable de su sueldo, reconocida de forma implícita por él mismo y por su presidente. El máximo dirigente de la entidad coruñesa mostró su satisfacción por el acuerdo alcanzado. «Ayer nos deseamos suerte y nos felicitamos por el acuerdo. Espero que en breve podamos hablar sobre jugadores de cara al próximo ejercicio». En cualquier caso, está claro que Jabo se ha convertido en A Coruña en alguien de la familia. Aparece en el estadio, en Acea de Ama, en la televisión, en las emisoras de radio, en los periódicos, caminando por el paseo marítimo, en las noticias del guiñol, en una charla en la universidad, en un coloquio en un instituto, en la inauguración de una peña... Resulta muy difícil vivir en A Coruña y no verle, no oírle o no pensar en él, al menos, una vez al día. Su contacto con el deportivismo ha sido tan continuado y directo en estos cinco años que es meritorio que su imagen no haya sufrido un mayor desgaste. Pero el técnico es consciente de que cada año que pasa le cuesta más llevar esas crisis cíclicas por las que atraviesa su equipo en cada temporada, como cada año se le ha hecho más complejo torear a una plantilla en la que varios jugadores le han podido pillar la aguja de marear. Jabo está menos castigado que cualquiera en sus circunstancias, pero tiene heridas de guerra. Por eso, su reto al frente del equipo para la temporada 2003-2004 es de grandes proporciones. Nada más y nada menos que mantener en la élite por sexto año consecutivo a su heterogéneo grupo de futbolistas. Acumula ya una cierta fatiga en su puesto, pero a lo que se ve no la suficiente como para frenarle en su ilusión por hacer historia en el Deportivo. Más todavía.