Lleyton Hewitt defiende su corona

La Voz

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Wimbledon, que empieza hoy, se presenta más abierto que nunca por lo que a la prueba masculina se refiere.

22 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

No hay un claro favorito, sino varios jugadores con posibilidades. Lleyton Hewitt defiende el título y es el primer cabeza de serie. No parece probable que repita su conquista. ¿Ganará Agassi? A sus 33 años aún tiene fuerzas para dar y tomar, pero tampoco emerge como máximo candidato. ¿Acaso Andy Roddick, con su poderoso saque? Cualquiera sabe. Ausente Pete Sampras, el siete veces campeón, el torneo está al alcance de no pocos, entre ellos Juan Carlos Ferrero. De ganar el valenciano establecería un hito en el historial de la temporada. Sería el tercer jugador que, en la era open, consigue proclamarse campeón el mismo año en Roland Garros y Wimbledon, algo que no sucede desde que el sueco Bjorn Borg se impuso en ambos torneos en el año 1980. El propio Borg alcanzó el doble entorchado en 1978 y 1979. Anteriormente lo había conseguido el zurdo australiano Rod Laver en los años 1962 y 1969. Así las cosas, y visto lo que aconteció la temporada anterior con aquella inédita final entre Hewitt y el argentino Nalbandián, esta vez también puede producirse un extraño duelo por el título. Los «cañoneros» (Rusedski, Philippoussis, Roddick, Verkerk) tienen que demostrar su capacidad para arropar el saque con otros recursos válidos y contundentes. Pero ahí están los que restan con fuerza y colocación (caso, por ejemplo, de Ferrero) para acreditar que se hallan perfectamente capacitados para obtener el triunfo sobre superficie de hierba. Si en hombres no existe un especial favorito, la prueba femenina es de las de sota, caballo y rey. No hay más cera que la que arde. El póquer formado por las hermanas Serena y Venus Williams y las belgas Justine Henin y Kim Clijsters está llamado a jugarse hasta las pestañas. Serena es la defensora del título conseguido con aquella victoria del año pasado frente a su hermana Venus por 7-6 (4) y 6-3. La pequeña de las Williams vivió horas infelices durante la pasada edición de Roland Garros. Aparte de que los aficionados no le demostraron el menor afecto, ocurrió que la americana tuvo uno de sus peores días y vio como Justine Henin le arrebataba la corona que intentaba retener. En Wimbledon lo normal es que se registre el segundo triunfo de Serena en el torneo. Tiene entre ceja y ceja su tropiezo de París y buscará, con la contundencia de sus golpes, la manera de demostrar que por algo ocupa el primer puesto en la clasificación mundial. A Venus, en cambio, le falta aquella fuerza que llegó a tener hace tres años cuando su musculatura estaba en pleno apogeo. Y es que de un tiempo a esta parte su juego ha cobrado finura con la consiguiente pérdida de poderío a la hora de impactar la bola con su raqueta. La gran fiesta de Wimbledon está a punto de comenzar. Durante un par de semanas se desarrollará la batalla por la supervivencia. Los 375 miembros del All England Club tendrán una nueva oportunidad para presumir de su condición de asociados. Los abarrotes están asegurados. No hay entradas, salvo aquellas que salen a diario a la venta, para conseguir alguna de las cuales el público forma largas colas y lleva sus tiendas de campaña para pasar la noche cerca de las taquillas. Todo un espectáculo. Y no hay que olvidar el mercado negro. La reventa siempre tiene entradas. Así que los caprichosos no encontrarán dificultades para obtener el acceso al club. Se trata tan sólo de satisfacer las exigencias de quienes aprovechan el evento para conseguir unos ingresos extra. Son los listillos de turno. Y les va bien.