Hoy a partir de las ocho y media de la tarde (Sportmanía y Vía digital), con un Palau Sant Jordi repleto, el Barcelona se mide al Benetton italiano en la final más favorable que jamás ha disputado: plantilla, ambiente y hados parecen que visten todos de azulgrana. Sería terrorífico plantearse lo que ocurriría en caso de derrota. El Barcelona se presenta a la gran cita, su sexta final, con una serie de hechos incontestables a su favor: jamás una final de la Copa de Europa contó con más de quince mil gargantas apoyando a un equipo; nunca el equipo azulgrana tuvo en su plantilla jugadores tan valiosos, con Bodiroga como indiscutible mejor baloncestista del continente; sólo una vez ha perdido en casa el cuadro barcelonista en lo que va de temporada, y nunca tuvo tantos obstáculos para llegar al duelo definitivo en el choque precedente y los superó todos. Los de Pesic se licenciaron en sufrimiento en la semifinal del viernes frente al CSKA de Moscú. Tuvieron que tirar de todo el repertorio que le concede su variopinta plantilla para derribar a un adversario obcecado en estropear la fiesta del baloncesto español. No contó con el Bodiroga de sus mejores tardes, aunque sí vio al mejor Fucka de la temporada. Tampoco Jasikevicius y Navarro jugaron un partido para tirar cohetes, pero curiosamente el escolta español fue decisivo al final en facetas en las que no destaca: el rebote ofensivo y el robo de balón. Mientras que todos estos factores son más dependientes de la inspiración, Pesic sabe que el trabajo encomiable de Nacho Rodríguez, Femerling, De la Fuente y Varejao lo tiene seguro, igual que los centímetros del gigante Roberto Dueñas. El Benetton Treviso, por su parte, acude con una lección bien aprendida: la confianza es traicionera. Pero no le vale. El examen de hoy no incluye esa asignatura, ya que resulta evidente que ningún equipo de Europa puede salir con exceso de relajación en un recinto donde todo está pintado de azulgrana. Absolutamente todo. Ettore Messina, consciente de los gustos de su adversario, procurará explotar al máximo la velocidad de su base Tyus Edney. Al Barcelona le gusta jugar al ritmo de 'tran-trán' que impone Bodiroga con sus botes, sus fintas... e incluso su desesperante lentitud y concentración para lanzar los tiros libres.