Séptimo triunfo de la temporada a domicilio para el Ourense. Coincidiendo con la toma de posesión de Antonio Dacosta como primer técnico y ante un Atlético de Madrid B que se jugaba la vida. Los rojillos pegaron primero, se vaciaron en la presion y con diez acertaron a apuntillar, cierto es con una dosis de fortuna y con un partido memorable de Juantxo Elía. Toño Dacosta pidió presión desde la primera línea y el equipo salió a morder. Se encontró a los cuatro minutos con un gol de Burgueña a saque de córner después de un servicio de Conget que ya se colaba. El gol dio fuerzas al equipo. Continuó presionando desde la primera línea y se adueñó, casi sin despeinarse del medio campo. En un primer tiempo de pizarra el Atlético B obligó a Elía a entrar en acción en una única ocasión. Con un disparo de Toché desde la frontal al que voló el navarro. El Ourense, en cambio, ganó dos veces la línea de fondo sin éxito. Pero el partido loco y frenético, de doble carril, apareció en la reanudación. Pradito buscó el revulsivo con un 3-4-3. Cambió de constructores y buscó el asedio como salida. Enseguida el árbitro quiso contribuir al espectáculo dejando a los dos equipos con diez (Manolo y Golo fueron expulsados en un margen de cinco minutos). Y en medio de tanta locura emergió la figura de Elía. Del Pulpo como le apodaron en la grada. El navarro cedido por Osasuna voló a todas partes. Para tapar un disparo a bocajarro de Manu. Para llegar a una volea de Toché y hasta la levantarse por tres veces en un barullo dentro del área pequeña que provocó el infarto generalizado entre la parroquia ourensanista. Elía mantenía vivo a un equipo repleto de ganas y de solidaridad defensiva, pero falto de fuerzas después de la tremenda presión del acto inicial. Faltaba la puntilla para evitar sufrimientos y decepciones vividas con anterioridad. Conget, y Golo antes de marcharse, habían pisado área con decisión pero sin éxito. Kiko incluso llegó a disparar al travesaño. El propio ariete y Rubén hicieron posible el hachazo. El nueve recibió en el medio campo, le hizo un sombrero a Albarrán y buscó el espacio libre de un Rubén aparcado en la derecha. En su segunda intentona metió un balón en el corazón del área que Kiko enterró en la red. El asedio del Atlético B y sus ganas de remontar dejaron de existir. Los rojiblancos entregaron la cuchara y sirvieron en bandeja de plata un triunfo que mantiene al Ourense con vida. Al menos pelear por la Copa sigue siendo un objetivo posible, aunque remoto tras el triunfo del Alcorcón. El domingo llega el Pontevedra a jugárselo todo. Se encontrarán otro carrusel de bajas.