Llegó como superestrella por la puerta grande, pero no sale a hombros como los grandes triunfadores, sino de puntillas y por la puerta falsa. Hace tres temporadas aterrizó en Lugo para gozo de la afición del Candelas, que coreó su nombre en cansinas ocasiones, en recompensa a su fútbol brillante e imprevisible. Ahora, tras un año en División de Honor, otro en el infierno de Plata, y media temporada en la élite, Cecilio Abade da Souza, el brasileño de trato afable y a la vez controvertido, se va del club lucense. El pasado sábado, ante el Caja Segovia, recibió el apoyo del público, de su público, como él acostumbraba a decir. Sin rencor hacia el club que desea ver cómo se hace grande en España y dando la bienvenida a Vinicius, se despidió de sus compañeros. Sin odio, pero con una cuenta pendiente con la actual directiva. Se va engañado, contrariado por la forma en que los altos cargos del club lo ventilaron. Éstos pretenden una cesión del jugador, posiblemente al Autos Lobelle de la División de Plata, pero el mago del balón no acepta la propuesta. Se siente traicionado. Su entrenador le confesó su confianza casi hasta el día de la presentación de su sustituto y compatriota, pero Cecilio, que siempre da la cara, en los mejores y los peores momentos, no traga, aunque al club aún le une este año de contrato y una opción para el siguiente. Sin enemigos y con muchos recuerdos, Cecilio deja huérfana de un ídolo a la afición del Azkar. ¿Será Vinicius, del que dicen que es un crack, capaz de hacer olvidar al astro?