El escolta madrileño, fichado por el próximo rival del Breogán como sustituto temporal de Schmidt tras jugar este año en la EBA, regresará el sábado a Lugo
17 dic 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Escudero fue en Lugo un héroe en tiempo de guerra. Cuando el Breogán no se bañaba en multitudes, cuando era un club más recogido, menos faraónico, había jugadores sin tanta aureola ni resonancia a nivel nacional que desde su modestia siguieron contribuyendo a engrandecerlo. Por aquí pasaron y desgraciadamente se fueron sin la gloria que merecían gente de buen corazón como Gil, Ruano, Martín, Cabral... y Escudero. Ahora ha firmado un contrato temporal con el Manresa para sustituir al lesionado Schmidt. Así pues, regresará el sábado al Universitario, su vieja guarida. El escolta madrileño es un hombre maldito. Uno de esos físicos portentosos que por su cabecita loca no llegaron a triunfar. Una trifulca con su compañero Okengwa -con insultos y manotazos por medio- en Los Barrios lo condenó al ostracismo el año pasado. «Me partió la nariz e informé al club que le iba a poner una denuncia. Me pidieron que no lo hiciera, para no montar un escándalo público, aunque los directivos confesaban en privado: Por nosotros echábamos a este animal ». Por todo ello, fue expulsado y demandó su contrato. No recibió la carta de libertad y se fue al paro largo tiempo. Problemas en Los Barrios «No pensaba que los problemas extradeportivos afectaran tanto a la gente. Ahora entiendo a Corrales. Lo de Los Barrios me marcó ante todo el mundo. Es injusto», confiesa. El verano pasado empezó a entrenarse con el Jabones Pardo, a la espera de una oferta interesante. «Quizá me tenía que apellidar Escuderovic. La gente te da la espalda enseguida», se lamenta. Después se retiró al Villalba, un club de nuevo cuño anclado en la EBA, aprovechando que en la localidad de la sierra madrileña ha montado un negocio con su esposa. Queda poco del Escudero que llegó a Lugo con diecinueve años. Ha madurado y, a sus veintiocho, tiene dos gemelas. Pasó, sin triunfar, por el Estu, Murcia, Italia, Gijón y Los Barrios. ¿Cuál fue el error para que se arruinase este proyecto de nueva estrella del Magariños? «Durante años aposté a ganador -prosigue-, a ser un tío resolutivo en los equipos, una referencia, vaya. Ese fue mi pecado. No fui paciente. Ahora sí sé que tengo que aceptar el papel que me den, aunque sea marginal». Por eso acepta un contrato temporal en Manresa. «Lo que no he conseguido hasta ahora ya no lo voy a lograr. Sólo aspiro a pasarlo lo mejor posible. Así es como se triunfa. No voy a limpiar mi nombre con triples sino con mi trabajo». Recuerda con cariño su etapa en Lugo: «Era un crío. No tuve problemas con nadie, ni directivos, ni aficionados... ni el técnico. Tengo debilidad por Ricardo Hevia, tuvimos muchos encontronazos, pero me gusta la gente como él, directa y que va a la cara. Aprendí y me hice jugador con sus enseñanzas».