La tercera intercontinental

La Voz

DEPORTES

30 nov 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

CELEBRO volver a pasear por el romántico atasco de Tokio. Vuelvo para mi tercera final de la Copa Intercontiental, consciente de que lo que para muchos es un sueño aquí se convierte en realidad. Después de la primera Intercontinental, en 1960, disputada contra Peñarol en Madrid y Montevideo, llegó la segunda del Real, en el 98, de las botas de Raúl, con un aguanís que hizo historia frente al Vasco de Gama. Luego, la tristeza ante Boca Juniors en la noche en que Riquelme se hizo grande y Palermo famoso. Esta vez, la Copa cambia de escenario, abandona el antiguo Estadio Nacional de Tokio y se marcha al Internacional de Yokohama. Se repite el escenario de la final de la Copa del Mundo, en la que Ronaldo consiguió el pichichi y Roberto Carlos culminó un palmarés difícilmente igualable. Anoche, pisando la hierba del estadio Kawasaki, palpé una sobredosis de felicidad en Flavio Conceiçao, uno de los jugadores que más me han maravillado en los últimos años y de quien mejor opinión me he formado cuando estaba en las filas del Deportivo. Lamentablemente, Del Bosque y el Bernabéu no opinan igual. El martes habrá una nueva oportunidad para incrementar la historia del fútbol español. Viendo entrenarse juntos a Figo, Raúl, Zidane, Ronaldo, Iker, Roberto Carlos y Flavio, me parece díficil que el Olimpia, formado por jóvenes entusiastas y maduritos leñeros, pueda ser rival de enjundia para el Real Madrid. Por más que en su banquillo se encuentre un campeón del mundo, Nery Alberto Pumpido, compañero de Valdano en la gloriosa Argentina de Maradona, en México 86. Caminando por la calles de la populosa Tokio, rodeado de neones fosforescentes, masticando la niebla y sintiendo el frío del Pacífico, veo cómo el Madrid sueña con su tercer entorchado intercontinental. Espero que Del Bosque y los suyos no se lo estropeen.