El corredor italiano se impuso con autoridad en el esprint de la prueba en línea
13 oct 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Mario Cipollini le ha devuelto el arco iris a Italia. Y lo ha hecho con su autoridad habitual, tras imponerse al esprint en un circuito infame, con vallas de pata como protección que sólo se emplean en países tercermundistas. Robbie McEwen y Erik Zabel, plata y bronce, respectivamente, le acompañaron en un podio huérfano de españoles. Óscar Freire, víctima del infortunio se quedó sin ninguna posibilidad de optar a las medallas a dos kilómetros de la meta cuando la parte externa del eje de su rueda trasera de otro corredor le destrozó la rueda delantera. El récord de Merckx tendrá que esperar. Cipollini venció de una forma insultante, gracias a la sorprendente labor de un equipo, Italia, que por primera vez en muchos años trabajó como tal, controlando toda la prueba, con la colaboración de los australianos y de los aliados polacos, que también trabajaron para sudar un poco y sacarse un dinero. La carrera no resultó espectacular, no vivió grandes momentos de tensión. No había terreno para tensar a los favoritos, para desgastar en profundidad a los hombres rápidos. Mientras Italia controlaba, la selección española movió la única pieza que podía, Igor Astarloa, en tres ocasiones, pero no había forma de fragmentar el grupo. Hubo vueltas en las que la media horaria se fue a los 50 kilómetros. El ritmo descendió en la penúltima vuelta. Los favoritos ya empezaban a colocarse en los puestos de cabeza en esta última vuelta, con los italianos copando la cabeza del pelotón. Y entonces el recorrido se convirtió en un territorio de suicidas y los que diseñaron este circuito y los que lo homologaron, la UCI, han tenido lo que venía anunciando todo el mundo: una caída de un grupo de treinta corredores a falta de tres kilómetros para la línea de meta. Varios ciclistas españoles se vieron implicados en la montonera. Freire salió ileso del primer escollo. El cántabro rodaba entonces a rueda de Erik Zabel aunque, instantes después, perdió todas sus opciones. Pero la contundente y esperada victoria de Cipollini lo tapótodo, hasta el atisbo de combate de boxeo que protagonizaron Zabel y McEwen, que se dieron codazos y empujones. Sólo les faltó llegar a las manos. Freire no tuvo ni esa posibilidad. La mala suerte le dejó en el puesto 156 después de 262 kilómetros en los que se rodó muy rápido, con una media horaria de 46,538 kilómetros (se batió el récord de velocidad de la competición). En la parte final, dramática, llena de tensión, el equipo italiano lo bordó para mayor gloria de Cipollini y para borrar la nostalgia por Bugno.