Remonta el partido contra el Alavés con goles de Tristán y de Capdevila
28 sep 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Ya está en todas las librerías la publicación Cómo Tristán enterró al mediapunta fantasma , con el apéndice El 4-4-2, ese desconocido . Debería editarse después del partido de anoche. Mejor dicho, los dos partidos de anoche. El primero, con el 4-2-3-1, un atentado contra el fútbol. El segundo, con el 4-4-2, la demostración de que el Dépor también tiene gol sin Valerón. Sergio no tiene la culpa de no ser mediapunta. Simplemente, no se puede inventar lo que no existe. Diego y Capdevila levantaron un partido por el que muchos hinchas no daban un duro tras el gol del Alavés y enterraron el trivote en aras de dos puntas en el ataque coruñés. El 15 blanquiazul llevaba mucho tiempo buscando su pleno, y lo consiguió cuando más lo necesitaba el equipo. Para el Alavés, el camino más corto entre dos áreas es la línea recta. Téllez coloca la catapulta en la zaga, apunta sin demasiada precisión y lanza todo lo lejos que puede. Alguien cazará la bola antes o después en zona de peligro. Y cuando esto sucede, la ocasión de gol es casi un hecho. Sencillo, pero eficaz. Un directo a la mandíbula como el rival no tenga fuerza aérea que contrarreste esa ofensiva. Por eso César se hartó de sacar balones de cabeza. Cierto que la disposición inicial del Dépor, agazapado en la media, con dos pivotes defensivos y Sergio por delante no dejó muchas más alternativas a los de Mané que colgar balones a sus atacantes. Sólo con eso sembraban el pánico entre la zaga rival. El Deportivo del 4-2-3-1 seguía sin fútbol, pero ayer se encontraba cómodo con el triple pivote. A falta de juego, el planteamiento de los coruñeses también se tornaba simple; aguantar, robar y lanzar a Makaay, que malo será que no enganche alguna bola. Es la diferencia entre usar a Sergio fuera o en casa. En Riazor no se le permitiría al equipo un partido sin fútbol. A domicilio, el 0-0 inicial justificaba en parte un espectáculo tan rácano como el de la primera parte. En esa tesitura, Makaay corría como el pony express en territorio comanche, esquivando las flechas de un enemigo mucho más numeroso. ¿Pero qué ocurre con el resultadismo cuando el Alavés marca primero? Entonces las carencias quedan en evidencia. La demostración, desde el propio banquillo: buena reacción y adiós a la irrealidad de un mediapunta en beneficio de un 4-4-2 puro. Luque y Tristán dieron vida al equipo en un momento muy delicado, con el cara o cruz ante el Lens a la vuelta de la esquina.