Ante la ausencia de su líder, Pedro Horrillo se disparó hacia la meta al poco de rebasar la pancarta de último kilómetro. Superó sin problemas a David Etxeberria y a Marco Velo, que acababan de saltar a la desesperada para evitar el esprint. Todo parecía decantado para el corredor del Mapei, más acostumbrado a lanzar el vuelo de Óscar Freire que a buscar la gloria en solitario. Pero a sólo 30 metros se despertó del sueño. Las fuerzas le abandonaron y el último repecho hacia la línea de meta se le volvió eterno. «No sentía las piernas y era incapaz de pedalear», reconoció nada más terminar la etapa. Impotente, levantó los brazos. En ese momento, el australiano McGee, a la postre ganador, le venció con facilidad. Detrás llegaba el estonio Kirsipuu, que también lo apartó hasta la tercera plaza final. «Los últimos metros se me han hecho eternos. Parecía que nunca llegaba a la meta. Cuando me ha pasado McGee he hecho un gesto de frustración, de rabia contenida, por la oportunidad que se me ha escapado». Una ocasión con la que ni hubiera soñado en la salida del Tour. Horrillo, de 28 años, no tuvo que ocuparse de lanzar a su jefe de filas a la victoria debido a una caida sufrida por el campeón del mundo. «Al haberse caído Oscar, ya no se le podía esperar y este final me favorecía con lo que he decidido intentarlo». Freire sufre traumatismo lumbar, fruto de una caída en los kilómetros finales. El bicampeón del mundo y vencedor de la segunda etapa del Tour terminó en la cuneta a falta de tres kilómetros para el final como consecuencia de una caída masiva en la que la peor parte fue para el francés Roux, que tuvo que ser evacuado en ambulancia con la clavícula izquierda rota. Al cierre de esta edición, el ciclista cántabro mantiene la esperanza de participar en la etapa de hoy, la última antes de la contrarreloj previa a la montaña, que culmina en Plouay, justo donde conquistó su primer jersey arcoiris.