El mercado del fútbol sigue bajo mínimos, con esa «calma chicha» que dicen los marineros cuando el mar no se mueve. La inactividad a estas alturas es mayor de lo que se preveía. Los más veteranos dirigentes de los clubes solían decir que en el verano viven mucho mejor, refiriéndose a que la falta de partidos les permite disfrutar de unos fines de semana tranquilos, con la familia, sin sufrir esos sobresaltos que siempre producen los resultados desfavorables. Ésto es así, aunque el hincha echa de menos, naturalmente, la actividad dominguera que rodea los estadios. El mercado de jugadores está tan parado que únicamente a precio de saldo se realiza alguna operación. Un dato: Mauricio Macri, presidente del Boca Juniors, anunció el 29 de marzo del 2001 el traspaso de Riquelme al Barcelona por 22 millones de euros. Ahora, hace un par de días, esa cifra quedó rebajada a poco más de la mitad. Las cajas de los clubes no funcionan. El Juventus vendió a Zinedine Zidane justo en el último momento, precisamente un poco antes de la esperada crisis.