FÚTBOL
19 feb 2002 . Actualizado a las 06:00 h.No supo parar a tiempo. Quiso demostrar a sus enemigos que sólo Clemente puede con Clemente, que sólo Javier Clemente Lázaro decide cuándo y dónde se retira. Por esta razón ha transformado una brillante trayectoria como técnico en un triste peregrinaje por la nada. Ayer surgió otra estación en su viaje. La cálida isla de Tenerife recibe a un hombre del norte que está dispuesto a asumir el riesgo de lo que sería el primer descenso de su carrera. Y todo por demostrar que no está acabado y que todavía puede dar más de sí en el banquillo. 1 de mayo de 1983. El Athletic barre en Las Palmas (1-5). Alberto Bacigalupe, conocido periodista de Bilbao, se acerca a un joven y nervioso técnico: -Javier, muchos te han llamado chulo. ¿Qué tienes que decirles ahora? -Que yo seguiré siendo el mismo. Y cumplió. Han pasado casi veinte años y su personalidad, a diferencia de su éxito, no ha cambiado. El técnico de Baracaldo fue capaz de ganar dos Ligas y una Copa con su Athletic. Fueron unos maravillosos años para este pequeño peléon. Pero al mismo tiempo que disfrutaba del lado luminoso de la vida, en su cuerpo se iba gestando el mal que ya nunca le abandonaría: la desaparición de su mano izquierda. Así fue incapaz de sortear una crisis con Manolo Sarabia que acabó con él en la calle. Y entonces se animó a la aventura. Abandonó su hábitat natural y se fue a Barcelona. En el Español se quedó a un penalti de ganar la Uefa. Fue muy duro, pero Clemente ya comenzaba a tener la espalda más fuerte de España. De ahí, al Atlético. Jesús Gil y Javier Clemente. Ni el mejor de los chistes de Groucho Marx habría juntado a semejante pareja. Siendo segundo en la Liga, fue engullido por esa manía del dueño de Imperioso de cargarse a todos sus técnicos. De un lado a otro Y del Atlético vuelta a Sarriá, donde salva al Español del descenso. Y en eso llegó la llamada de la selección. Antes, el número de sus enemigos había crecido a mayor ritmo que el de sus amigos. Con España comenzó en junio de 1992 y su etapa acabó el 10 de septiembre de 1998. Por el camino, muchas más victorias que derrotas, pero ningún gran triunfo que llevarse a la boca y, sobre todo, un desgaste brutal para el rubio del que todavía no se ha recuperado. Si en Bilbao ya había comenzado a perder la mano izquierda, en la selección ya nadie recordaba siquiera que algún día la hubiera tenido. Entró de lleno en una guerra mediática y fue culpable de acabar con la paz alrededor de la selección. Y se fue, «con la cabeza alta», dijo, pero con el corazón encojido y hecho jirones. «No me voy derrotado», apuntó. No fue cierto. Se fue hundido y humillado, porque él sabía que sí, que había perdido la guerra. Imagen Desde entonces, su imagen ha sido la de una ex-estrella que arrastra su nostalgia de campo en campo. Aceptó dirigir al Betis a pesar de que él y la idiosincrasia andaluza distan mucho de alcanzar algún punto de encuentro. Así fue. Y luego la Real. Evitó el descenso, pero a la siguiente campaña, también tuvo que salir por la puerta de atrás. En su huida hacia adelante, aceptó ir a Francia, al Marsella. También evitó el descenso, pero entró en conflicto con el presidente. Terrible periplo para quien fue el rey del mambo futbolístico. Ahora, recala en Tenerife para salvar a un equipo con olor a Segunda. ¿Peleón? Puede que sí, pero ante todo, Clemente, es un cabezón vocacional. Vuelve el rubio de Baracaldo, el hombre que dividía a España.