DEPORTIVO Tampoco debería de extrañar a nadie. El Barcelona, tradicionalmente, vive en el alambre. Con la sombra del dream team o la losa de la época Van Gaal todavía presentes, el próximo rival del Deportivo se aferra al choque del mañana para engancharse definitivamente a una Liga de la que hace un par de semanas estaba apeado.
15 feb 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Pero el Barça de la actual temporada ha insistido más que de costumbre en su habitual tendencia al desquiciamiento. Es como si la fuga de Figo o el fichaje de Zidane por su alter ego hubiera sentado toda la estructura catalana en el diván. Gaspart apostó por la continuidad de Carlos Rexach, un hombre de la casa -¿un Del Bosque culé?- y el Noi de Pedralbes, el técnico que en su época de jugador dividía el campo en sol y sombra -él se movía por la sombra- intentó consolidar el sistema defensivo de un equipo acostumbrado a mirar siempre hacia la portería rival. Y para ello, Charly rompió definitivamente los lazos con el profeta del gol y apeló a la ortodoxía: los equipos se hacen desde atrás. Un claro pulso a una afición que sabe que el Barça ha sido el conjunto más goleador en siete de las últimas diez Ligas. Refuerzos defensivos: Aparte de Saviola -una clara concesión al populismo de Gaspart-, el Barcelona incorporó en la pretemporada a un portero -Bonano-, dos defensas centrales -Christanval y Andersson- y un centrocampista brasileño de corte alemán -Rochemback-. Todo en aras de reforzar el sistema de contención. Una renuncia al gusto del Camp Nou. ¿Y el trivote?: Kluivert, Rivaldo y Saviola. Un enorme caudal ofensivo de difícil encaje. En el Camp Nou se las prometían muy felices con la incorporación de El Pibito, la contestación al efecto Zidane, pero el argentino es el gran sacrificado de Rexach, al menos en los partidos de fuera de Barcelona. Saviola, un revulsivo de cino mil millones: pese a haber sido titular en 16 partidos, es el segundo máximo goleador del equipo, con nueve tantos. El técnico ha excusado su habitual suplencia en su juventud en su lenta adaptación al futbol europeo. La grada corea a Puyol: Mal asunto cuando el barcelonismo, acostumbrado al fútbol de ataque, ha descubierto un nuevo héroe en el esforzado Puyol. El Camp Nou aprecia ahora el sudor y la cantera, añora a Luis Enrique -podría reaparecer mañana- y desconfía de Xavi, el candidato a cubrir el vacío dejado por Pep Guardiola. Crisis intermitentes: La habitual crisis de noviembre -eliminado en la Copa por el Figueres- se ha repetido de forma periódica. Tras una buena racha, el juego ha dejado ver la inseguridad de un Carlos Rexach que no parece creer demasiado en lo que hace. La histeria: Tras la presunta juerga nocturna de cinco componentes de la plantilla culé en el hotel Hesperia, el Barça vivió su momento más bajo: sonrojante derrota ante el Osasuna en el Camp Nou. A partir de ahí, el combo de Rexach ha reaccionado con una contundente victoria en Tenerife (0-6), un triunfo en casa ante la Real (2-0) y un empate en Son Moix. Siete puntos de nueve, una cifra envidiable para una Liga tan igualada. ¿Se atreverá Rexach a hurgar en la aparente debilidad defensiva del Dépor?