DEPORTIVO
02 dic 2001 . Actualizado a las 06:00 h.Michael Ballack es el pequeño Kaiser. Algunos lo interpretan como el mote del halago que lo nombra sucesor espiritual de Franz Beckenbauer. Otros lo consideran una malintencionada ironía. Y es que al centrocampista del Bayer Leverkusen, rival del Depor mañana en la Champions, le definieron como un jugador pequeño, incluso mediocre, tras el humillante 1-5 encajado por Alemania ante Inglaterra. Su presunto desconocimiento de la palabra sacrificio es una herejía en la rocosa Bundesliga. Pero después los aficionados germanos abrillantaron el título de Kaiser, porque Ballack fue el autor de goles decisivos en la repesca para el Mundial. Ballack es sinónimo de controversia en su país por su condición de rara avis del fútbol teutón. Representa la calidad en una de las competiciones más físicas del mundo balompédico. Maneja bien el balón con las dos piernas. Pero todavía se recuerda un autogol que le costó el título de Liga al Bayer en la temporada 1999-2000. Cuando Berti Vogts pasó por el banquillo del Leverkusen le sugirió al medio el ejercicio de la madrasta de Blancanieves: Mirarse a un espejo para ver sus limitaciones. El ex-seleccionador Jupp Derwall también acusó a Ballack de presumir de virtudes que no tenía. En los últimos meses ha llegado la reconciliación del centrocampista con la prensa y la afición alemanas. Ha jugado lesionado y se ha destapado como goleador. Es el germano con más tantos en la Bundesliga y en la clasificación para el Mundial. Ahora, reflotada su cotización, parece que el futuro de Ballack se escribe con una n más que su presente y que pasará del Bayer al Bayern, según los rumores del mercado. A sus 25 años ha aparcado la indolencia y ha encontrado la ambición que en Alemania se le presupone a un jugador para convertir su apodo en un halago y no en una broma.