El «show» de Beckham

M. FERREIRO A CORUÑA

DEPORTES

IAN HODGSON

FÚTBOL / DEPORTIVO Adidas colocó su imagen y la de Kluivert en cinco boings 737 y le puso en los labios el « I kiss football ». Pepsi lo metió dentro de un futbolín para que se jugara una botella contra la Juventus y utilizó su ilustre camiseta para que un niño limpiara una lata del burbujeante refresco.

15 oct 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Police lo ocultó tras unas exclusivas gafas oscuras. Donatella Versace lo reclamó para presenciar sus desfiles. No es Ken, el novio de Barbie. Es David Beckham, showman, marido de Victoria Adams y, ocasionalmente, jugador de calidad del Manchester United. Pero ante todo es la personalización de la fama en su país. Y es que parece ser que ha influido más en la forma de vestir de los ingleses que el propio Armani. Fue portada de la revista británica de moda The Face para explicar en una entrevista el porqué filosófico de su corte de pelo estilo El último mohicano. Y posó a lo víctima de Hannibal Lecter, como si tuviera la cabeza ensangrentada. Precisamente, la estrella se convertió en un Sansón voluntario por cuestiones estéticas y pseudofamiliares -entonces también su mujer y su hijo variaron su corte de pelo- y perdió 1.100 millones de pesetas (seis millones y medio de euros) por cortarse su admirada melena y decepcionar a una marca de productos capilares. Y si Beckham invade portadas y pantallas de televisión, las de ordenador también sucumben a su poder. El siete del Manchester tendrá su propio videojuego. Su lanzamiento inglés está previsto para fin de año. Su cuerpo será el modelo de un diablo rojo virtual. Y su nariz compartirá protagonismo con el pelo de Tom Cruise, los ojos de Robbie Williams, la boca de Russel Crowe y la mandíbula de Brad Pitt. Son las facciones de la cara de un Action Man. Rasgos célebres para un juguete guerrillero. Otra pantalla, la gran pantalla, contará con su presencia, ya que intervendrá en el film Hazlo como Beckham, en la que un niño que quiere ser futbolista sueña con Beckham. No es de extrañar. Está hasta en la sopa Campbell.