Los coruñeses empataron a un tanto en Villarreal gracias a un gol de Donato Menos mal que el abuelo sigue depilando escuadras en los saques de falta. Afeitó la derecha, y sólo la intervención de López Vallejo dejó pelillos en la izquierda. Lástima que el palo escupiese el último estertor del partido, cuando Naybet regateó al portero tras un gran pase de Tristán. El empate es un buen resultado, pero los coruñeses se van con la sensación de que pudieron conseguir los tres puntos.
03 oct 2001 . Actualizado a las 07:00 h.El Madrigal se perdió las elegantes carreras de Manuel Pablo por la banda y sus roscas, de mayor precisión que el lingote de titanio que le remienda ahora la tibia. Pero el canario jugó de incógnito en Villarreal. Lo llevaba Donato en el pecho -«Ánimo, Manuel Pablo», decía la camiseta»-, y lo escondían los suplentes en el banquillo, donde guardaban su elástica con el número 2. Para él fue el golazo del brasileño. Y eso que la dedicatoria no pudo empezar peor. Jorge López metió un pase magistral, entre líneas, para Calleja. Pase de la muerte, y Víctor, a placer. El pequeño delantero del Villarreal sería pichichi si jugase todos los partidos de Liga contra el Deportivo, al que ha marcado ya en nueve ocasiones. Tiene una extraña habilidad para aguar siempre la fiesta a los coruñeses. El gol cambió el partido para un Villarreal que se apuntó a la receta del contraataque. El Dépor no se descompuso. Juntó las líneas, redujo las salidas levantinas, y aplicó la contundencia de su centro del campo para adueñarse de la posesión del balón. También es verdad que el Villarreal es un equipo con gusto por el fútbol, que propone ataque y desafía con calidad. No fue un equipo que ejerciese una presión asfixiante sobre los coruñeses. Pero el Deportivo volvió a evidenciar falta de acierto ante la portería rival. Una internada de Émerson, un remate a placer de Valerón, un trayazo de Amavisca... Pero el marcador a cero. Y este es un problema preocupante para un equipo que depende sobremanera de su eficacia. Sin la guinda del pastel, de poco vale tener el balón. Para buscar mordiente, Tristán entró por Scaloni, lo que llevaba a Makaay a la banda derecha, sin que se alterase el dibujo táctico de los coruñeses. Pero el Dépor, lejos de reaccionar, perdió empaque respecto al primer tiempo y tardó un cuarto de hora en crear la primera ocasión de gol. Al Dépor le cuesta trenzar juego e intenta practicar un fútbol de toque, pero carente todavía de la necesaria frescura. Ésta llegó tras el golazo de Donato y, sobre todo, con la entrada en el campo de Sergio y Víctor, con los que encontró desborde tanto por el centro como por la derecha.