CICLISMO
15 sep 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Afortunadamente para él, José María Jiménez no se ha olvidado de sus orígenes. Su victoria en el alto de la Sierra de la Demanda, donde logró su séptimo triunfo en la Vuelta a España, tuvo un recordatorio especial para María Luisa Exarte, en cuya casa vivió durante muchos años, cuando se estaba forjando como ciclista profesional: «Siempre le tendré en el recuerdo. Fue una madre para mí y para quienes estábamos allí, en Zegama, durante buena parte del año». José María Jiménez es todo un veterano del pelotón español. Dejó hace tiempo de ser una promesa pero mantiene la clase que le convirtió en un escalador que hacía mucho daño en montaña cuando atacaba. Él mismo sostiene que «la condición de escalador nunca se pierde, no se va de un día para otro». Condiciones desperdiciadas Sus mejores años, siempre en Banesto, no los aprovechó al máximo. Tuvo condiciones para hacer más cosas en el ciclismo profesional que las que ha hecho, pero nunca se centró en su carrera. Se conformó con menos de lo que hubiera podido hacer. Pero La Rioja es tierra de promisión para Jiménez (ha conseguido con la de ayer cuatro victorias como profesional en esta región), el ciclista al que en sus tiempos de aficionado tenían que frenar para que no lanzase estacazos, ataques, desde la salida. Sigue manteniendo parte del nervio que le permitió ganar cuatro etapas en la Vuelta a España del 98. Ayer, cuando atacó, a 6,5 kilómetros de la llegada, en plena subida, después de un trabajo soberbio de todo el equipo iBanesto, que tuvo en Unai Osa al hombre que aceleró el grupo en plena subida, lo hizo para imponerse. Y esta vez ganó.