CELTA/ EN BUSCA DEL PRIMER TÍTULO
21 jun 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Vigo vivió ayer dos semifinales, la de Balaídos y la de las cafeterías. Miles de vigueses sin entrada para el Celta-Barça optaron por contemplar el encuentro con mesa y mantel. Las calles de la ciudad se vaciaron a los pocos minutos de comenzar el partido y los escasos paseantes que circulaban por el semidesierto centro del municipio se estremecían con los gritos que atronaban desde los bares. Una hora antes del partido, la Gran Vía viguesa se colpasó por completo desde la plaza de España hasta las inmediaciones del estadio de Balaídos. Cientos de aficionados entraron al campo iniciado ya el encuentro por culpa del impresionante atasco circulatorio que se vivió en la ciudad. El gol de Simao, a los cinco minutos, enmudeció el campo y también las cafeterías. Pero la entrega de los jugadores celestes y el empuje que imprimió el equipo al juego hizo reaccionar a los espectadores, que no dejaron de animar durante los noventa minutos de juego. La euforia inundó las calles en el minutos 48, con el golazo de Berizzo y se desató hasta el delirio con el tanto del ruso Mostovoi. La policía municipal informó al término del partido que no hubo incidentes de consideración en ningún punto de la ciudad. El control del tráfico en los aledaños de Balaídos, unido al ordenamiento del tráfico pasadas las once y media de la noche fue la única pesadilla de los agentes locales. El encuentro se disputó con una temperatura de 19 grados y el cielo totalmente despejado. El buen tiempo reinante animó a muchos vigueses a acercarse hasta la playa, donde los caminantes pendientes de los transistores predominaban en el paisje de zoombies que pululaban a la orilla del mar. Vigo fue ayer un escenario atabiado con bufandas y equipajes celestes. Estaba en juego la tercera final del Celta en la Copa del Rei y el primer título oficial del equipo vigués, tras la Intertoto del pasado año. Pero también se jugaba la venganza deportiva por la eliminación de la Copa de la Uefa. El Celta quería devolverle al Barcelona el ingrato sabor de boca que dejó el 3-2 de Balaídos en los cuartos de final de la Uefa, y la posterior derrota (1-0) en el Nou Camp, que apeó a los vigueses de la competición europea. Vigo vivió ayer uno de los momentos deportivos que se guardan en la memoria del aficionado. El sabor de las competiciones de alto nivel tarda en olvidarse. Ahora sólo falta completar la gesta el domingo en Barcelona y soñar con Sevilla.