La ascensión del Celta parece no tener freno. El equipo de Víctor Fernández sigue batiendo récords. Ayer consiguió su quinta victoria consecutiva en la Liga, y lleva once partidos seguidos sin perder. El triunfo de ayer ante el Athletic, más efectivo que brillante, sitúa al Celta en la sexta plaza que da acceso a la Copa de la Uefa, tras el empate del Villarreal ante el Barcelona. Algo impensable hace un par de meses. Escalar posiciones en la clasificación de Primera División es como subir a pulso una cuerda. Uno no puede hacerse valer del impulso anterior para ascender.
08 abr 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Es necesario hacer un esfuerzo paso tras paso. El Celta aparentó salir ayer adormilado al césped de Balaídos, como si pensase que con la inercia de buenos resultados que le han convertido en el mejor equipo de la segunda vuelta fuese suficiente para imponerse a los leones bilbaínos. La banda izquierda, con el tándem formado por Juanfran y Gustavo López parecía ser el único argumento que podían esgrimir los celestes para inquietar a Lafuente. La falta de fluidez en la circulación del balón por parte del equipo vigués, permitió que el Athletic tuviese varias opciones de contragolpe. En varios de ellos, los arietes rojiblancos consiguieron ganarle las espaldas a unos zagueros desconcertados. La primera oportunidad clara estuvo en los pies de Tiko, que tras un despeje defectuoso de Juanfran, se quedó solo ante Pinto (guardameta obligado por una colitis aguda que sufrió ayer Cavallero). El meta céltico le detuvo muy bien el disparo al jugador vasco. Eran los momentos de mayor indecisión en el bando local. Los contínuos cambios de posición de Karpin y Edú, lejos de desconcertar a un ordenado Athletic, dejó la banda derecha del ataque celeste completamente inutilizado, a pesar del enorme esfuerzo que ayer realizó Velasco. La mejor acción de Karpin estuvo a punto de acabar en el primer tanto del encuentro. El ruso consiguió evadirse del férreo marcaje de Óscar Vales, y cuando entraba en el área vio la posición de Catanha con el portero vasco Lafuente batido, pero el pase de Karpin fue defectuoso y Lacruz se adelanto al goleador céltico. Quedaba por tanto la alternativa de Gustavo López, que aunque inamovible en la zurda, fue una pesadilla contínua para al lateral rival Lacruz. Precisamente el argentino fue capaz de resucitar al Celta en uno de esos momentos que se llaman psicológicos. Un minuto antes del descanso, Gustavo recibió un buen pase en profundidad de Juanfran y tuvo tiempo de levantar la vista para observar la posición de Catanha y ponerle el balón en su cabeza para que el hispano brasileño inaugurase el marcador y engrosase su saco particular.