FÚTBOL Francia es un equipo. Juegan casi siempre los mismos y se conocen, se saben, se entienden. Los campeones del mundo comenzaron controlando la posesión y buscando la superioridad en el juego combinativo. A España le quedaba la chispa, la opción del robo urgente y la salida al contragolpe en busca del espacio y la velocidad. Eso implicaba que la salida española venía por las parejas de banda, Manuel Pablo-Mendieta y Sergi-Munitis.
29 mar 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Se jugaba más por el derroche físico que por la inteligencia táctica o la calidad desbordante. A pesar de que había estrellas en el campo, no daban brillo. Cumplido el primer tercio, daba la sensación de que Francia podía hacer más si apretaba y que España iba a todo gas. En cualquier caso, salvo un disparo de Henry ni una ocasión de gol. Francia se mostraba, sin hacer nada, como un equipo superior. La afición de Mestalla, fallera, caliente y apasionada, animaba a la selección pero no hallaba respuesta en un partido espeso, indigesto, sin creatividad, sin salida ni llegada. Y Francia hacía gala de una suficiencia limitrofe con lo insultante. Zidane jugaba andando, cómodo, Raúl, por el contrario, se dejaba la piel pero no veía una. Sólo Morientes cazó un remate de cabeza que fue prólogo al gol de España. Lanzó un córner Mendieta, le devolvió Munitis de cabeza en el rechace y Gaizka mandó un centro envenenado, con rosca invertida, y emergió Helguera para marcar. Llegó el gol como podía llegar, a balón parado, para romper el tedio. Nada más volver del descanso, Mestalla se hizo falla. Morientes tocó suaves desde la lateral del área, jugó desde la izquierda hacia dentro, tocó Raúl con leve giro y se la devolvió al extremeño que cruzó un remate mortífero. Los campeones del mundo mordían el polvo de la derrota y Valencia acariciaba el sueño de ver, por fin, cómo ganábamos a un grande. Tres del Madrid se pusieron de acuerdo y en un tiralíneas perfecto Raúl se la pasó a Munitis, éste centro y de nuevo Máquina Morientes remató. Fuera por poco. Mestalla explotó en olés a la selección. Francia se apocó por unos minutos. La diferencia residía en el gol. Como resultado, vale. Como análisis del fútbol, no. Sólo habíamos sido más machos durante unos minutos. No vencíamos a Francia desde 1.981. Ya lo dice el tango en la voz de Gardel, que veinte años no es nada... A Francia le duraron cinco minutos separados por el descanso. Y por Morientes. Al final, el gol de Trezeguet no cambió nada.