El cuadro vigués pudo empatar un dos a cero jugando con diez 65 minutos El Celta se llevó del Camp Nou un sabor agridulce al caer por dos a uno ante el Barcelona. Por un lado consiguió un resultado esperanzador para la vuelta en Balaídos pero por otro la sensación final fue de que pudo salir del terreno catalán empatando el partido. La actuación del colegiado inglés Barber fue clave en el devenir del choque.
08 mar 2001 . Actualizado a las 06:00 h.El holandés Zenden fue el elegido para suplir la ausencia de un diestro y en el Celta sin Velasco ni Catanha, Yago y McCarthy tomaron el relevo. La entrada de Jayo en el doble pivote tuvo más que ver con el estado físico de Giovanella. El primer apunte para la historia lo pudo poner Benni McCarthy pero su estética de dibujos animados dista mucho de tener la capacidad resolutiva de un Romario. Una acción suya individual paseó de forma cruzada por el marco de Reina y puso en tensión a las gradas de un despoblado Camp Nou. La reacción culé fue inmediata y se amparó en la conexión Overmars-Kluivert que a punto estuvo de dar el primer fruto. Si no es por una banda es cuestión de probar en la otra y así con un tiralíneas marca de la casa fabricó Guardiola el primer gol. Su pase cogió a Juanfran a muchos metros de iniciar un sprint a la contra y con Berizzo tratando de tapar a Zenden el descoloque dejó a Kluivert con la misión de empujarla. No falló y el Barça puso el partido donde le gusta. Un hecho puntual varió lo que ya parecía una argumentación fluida. Dos entradas de Vágner casi consecutivas le suponen dos amarillas y la consiguiente roja. Quedaba por ver si de igual forma los celestes se encontrarían con que la vuelta en Balaídos ya no tendría el mismo sentido o si por el contrario el renunciar a su filosofía les permitía albergas esperanzas. Coira entró en el campo para redimirse de sus males pasados con Overmars. Las banda de Zenden En ese lado es donde Zenden se descubrió como uno de esos condenados al ostracismo que el día que sale reivindica su sitio. Otra vez como en el primer tanto una asistencia suya a Kluivert servía para certificar que el Barça con el mínimo esfuerzo puede sacar mucho provecho. La solución pasaba por morir matando, y esa era la única esperanza de vida en la eliminatoria que le quedaba a los celestes. La entrada de Edú en el campo devolvió a los vigueses a un delantero con instinto y a un jugador con no sólo futuro sino también presente. Él sirvió a Coira ese tanto soñado, ese que el de Vilagarcía podrá enseñar a sus nietos y contarles como un día marcó en el Camp Nou. Los célticos iban a por más, y sólo un balón al palo de Overmars les contuvo en sus ilusiones. Eso y el árbitro inglés Graham Barber. Edú se va sólo y Cocu como último defensa lo agarra como último recurso. El estadio blaugrana exclama al unísono porque el colegiado no pita falta ni echa al futbolista local. Al Celta le birlaron un empujón hacia el empate que se hubiese vestido de hazaña dadas las circunstancias.