Con Giuseppe e con Gaetano

Alfonso Andrade Lago
ALFONSO ANDRADE A CORUÑA

DEPORTES

CÉSAR QUIAN

FÚTBOL / DEPORTIVO Regresó el Deportivo a Riazor y, con él, la fiesta a la grada. En esta ocasión, la playa y el sol fueron duros competidores del más célebre de los trofeos veraniegos pese a la presencia sobre el césped de dos pesos pesados como Dépor y Lazio. Unas 18.000 personas presenciaron el espectáculo. A falta del partido en honor de la afición, una cuenta pendiente, los seguidores aprovecharon el partido de ayer para festejar una vez más el título de Liga.

12 ago 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

Para ello bastó la entrada en el estadio de los Riazor Blues. Con ellos llegaron la marcha y La mosca, y el ya famoso Te quiero dar sonó en estéreo desde el fondo de General. Una tonadilla que empieza a cundir como ejemplo en Riazor, que acompaña con palmas los recitales de los Blues. Hasta los italianos cantaron una canción tan familiar para ellos como para los coruñeses. Il Moscone triunfa también allende los Apeninos. Pero hay otra cantinela que también va a ser habitual en A Coruña esta temporada. Que se vaya acostumbrando el público: Campeones, campeones. La pequeña pero animosa representación italiana se dejó sentir desde el inicio del partido en uno de los fondos de Riazor. A ritmo de tarantella vibró con cada despunte del Piojo y cada esprint de un Ravanelli bastante incisivo. «Mamma, mía, Piojo», es el grito de guerra de los romanos cuando juega el argentino. Pero no disfrutó menos de la fiesta el palco de Riazor. Al margen de la curiosa foto que Francisco Vázquez y Augusto César ofrecían en el primer frente del tendido, se dejó ver también Arsenio Iglesias, poco habitual por estas alturas del estadio. Y Arsenio, complaciente como siempre, daba alguna que otra clase teórica a los aficionados más conspicuos. ¿Y qué sería del Teresa Herrera si los bocadillos y las tradicionales empanadas, que sustituyeron a las ligueras pipas en el descanso? La degustación no llegó para todos, pero pocos se quedaron sin el habitual cate que da a este trofeo veraniego un aire tan especial. Pero este año había competencia en la grada. Con Giuseppe, Gaetano y demás paisanos trasalpinos, la muzzarella y la pizza compitieron con las viandas locales. Para degustar pizza en Pabellón había que buscar la referencia de una bandera italiana, bastante camuflada entre el gentío. El cariño del respetable, siempre bien repartido, encontró una dirección inequívoca en la medular. Mauro Silva recibió un nuevo baño de aliento, aderezado con algunos aplausos cada vez que tocaba el balón. Y al final, buena fiesta y todos contentos. Sobre el resultado final, mejor no hacer demasiadas cábalas acerca de la suerte. Ni la organización lo hace. Meigas fora. La revista oficial del Teresa Herrera prefirió obviar el nombre del ganador del año pasado. La final del 99 guarda con sospechoso silencio el nombre del campeón.