Adiós, caballero Mauro

Alfonso Andrade Lago
ALFONSO ANDRADE A CORUÑA

DEPORTES

DEPORTIVO Llegó como un desconocido. Se marcha como una figura mundial. Carlos Alberto Silva lo definió como «un caballo en forma», y Arsenio Iglesias, como el mejor del mundo en su puesto. «Bebeto, sí, me parece bien, pero, si se puede, que traigan de paso a ese Silva que juega de mediocentro en Brasil», pidió O bruxo cuando Augusto César Lendoiro moldeaba en la plaza de Pontevedra un sueño llamado Superdépor.

24 jul 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

Se va Mauro Silva, leyenda en A Coruña por haber engrandecido aún más su sociedad deportiva más emblemática. Muy pocos pueden mecer como a hijos los tres títulos oficiales del Deportivo. Con su figura omnipresente sobre el césped llegaron a A Coruña la Copa del Rey, la Supercopa y la Liga españolas. Esos tres hitos, a lomos de un modesto, dan lustre al currículo del caballo de Carlos Alberto, campeón del Mundo. Inmenso futbolista y mejor persona, las lágrimas con que partió demuestran, cualesquiera que sean sus problemas personales, la humanidad de quien será recordado bastante más allá de sus méritos profesionales. «Jamás fui más feliz que en mi larga etapa coruñesa», admitió en su segunda carta a la afición. La primera la redactó para La Voz de Galicia un día antes de ganar la Liga española. «Os necesitamos más que nunca. Por favor, no nos falléis», pidió entonces a los aficionados. El Deportivo tampoco le falló. «Jamás agradeceré lo suficiente que Lendoiro me renovase durante mi gravísima lesión», reconoció el jugador en su última misiva al club a los aficionados. Su talante señorial le convirtió en el símbolo de un vestuario, que capitaneó junto a Fran. Mauro ha sido aglutinador de ideas irreconciliables en un vestuario babélico en el que Javier Irureta echará de menos su sensatez. Informático de profesión y gran aficionado al tute _«reconozco que soy todo un campeón», bromeaba_, es confeso admirador de Zico, el Milan de Sacchi y el Brasil del 82. De su integración ciudadana da fe el campus universitario que lleva su nombre y un hijo nacido y criado en tierra de Hércules. Un coruñés Sin en el entrañable Maurinho, el Deportivo se queda sin uno de sus buques insignia de los ocho últimos años. El fútbol español pierde, además, a un caballero del deporte. El estadio de Riazor ya no podrá festejar por todo lo alto el primer gol del brasileño ante su parroquia, que la grada esperaba como agua de mayo. Una lástima. Por suerte, nada pierde la ciudad porque, como ocurrió con tantos y tantos otros exiliados, Mauro Silva, allá donde esté, se sentirá siempre coruñés.