UNA LIGA PARA GALICIA Cuando la borrachera del éxito deportivista da paso a la sobriedad, cuando la ropa mojada en Cuatro Caminos se seca, comienzan a aparecer las primeras preguntas sobre el futuro del club. Unos interrogantes suenan con más fuerza que otros. «¿Seguirá Djalminha?», retumba en las mentes de los deportivistas, que tienen tantos motivos para desear su continuidad en Riazor como su traspaso a otro equipo.
22 may 2000 . Actualizado a las 07:00 h.Cuando la borrachera del éxito deportivista da paso a la sobriedad, cuando la ropa mojada en Cuatro Caminos se seca, comienzan a aparecer las primeras preguntas sobre el futuro del club. Unos interrogantes suenan con más fuerza que otros. «¿Seguirá Djalminha?», retumba en las mentes de los deportivistas, que tienen tantos motivos para desear su continuidad en Riazor como su traspaso a otro equipo.Los papeles archivados en la plaza de Pontevedra dicen que Djalminha es hombre blanquiazul hasta junio de 2002, con una cláusula de rescisión de 15.000 millones de pesetas. Y además, acaba de ganar el campeonato, serio incentivo para continuar en A Coruña. Por otro lado, el presidente Lendoiro aseguraba ayer que «no hay nada nuevo sobre Djalma. Es jugador nuestro».Pero el éxito de la Liga no puede borrar, si acaso tapar, las pequeñas fisuras entre Djalma y su técnico Javier Irureta. El jugador solicitó una audiencia al vasco a principios de temporada en el vestuario de Acea de Ama. Esperaba que el entrenador le asegurase la titularidad en el centro del campo. Su osadía no era un salto sin red: mientras buscaba mejorar su situación en el Dépor, mantuvo al Vasco de Gama a la espera, ya que este club deseaba el fichaje de Djalma para apuntalar su equipo en el año del centenario, con la obsesión del primer Mundial de clubes. Después de deshojar la margarita, Djalminha se quedó en A Coruña. Aunque le vistieron el mono de interior zurdo (por la prolongada lesión de Fran), en los partidos invadía el lugar de media punta, su hábitat natural, cuando quería.La improvisación de Djalma en el campo era directamente proporcional al amago de infarto de Irureta en el banquillo. El vasco se desquiciaba cuando veía a su dorsal «8» con jugadas que nunca había explicado en la pizarra («Irureta debe tener paciencia _decía Rivaldo desde Barcelona_. Djalma es capaz de hacer la jugada en el último minuto, pero ha de saber ganárselo»).El primer abrazoEn la noche del título ocurrió también un signo poco frecuente en Riazor: Djalminha fue el primer jugador que abrazó a Irureta en el vestuario, un detalle sólo equiparable al saludo entre Lendoiro y Paco Vázquez en la recepción del ayuntamiento. «Fue un detalle muy bonito», aseguraba el vasco. Bonito sí, pero, ¿con algún significado? Cuando Djalminha dijo «no» al Vasco de Gama, su explicación fue muy clara. «Quiero dar al Deportivo el primer título de Liga de su historia». Ya lo ha conseguido. ¿Habrá otros motivos que le retengan en A Coruña? Quizá le apetezca pasear su camiseta por Europa en partidos de Champions. Además, sabe que todos los entrenadores exigen un mínimo de disciplina.