La nueva obra del escritor estadounidense reúne seis relatos que demuestran una vez más por qué es un maestro de la novela negra
29 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Como un regalo reciben los lectores un nuevo libro de Don Winslow (Nueva York, 1953), especialmente cuando todavía pende en el aire la amenaza de su último anuncio, el de que dejaría la escritura tras la publicación de la trilogía de Ciudad en llamas —en la que se ocupaba de las azarosas andanzas del estibador Danny Ryan— para dedicarse a combatir el trumpismo. Ni siquiera tan honrosa cruzada disuade la avaricia del aficionado, que ansía más. Por eso la reciente aparición de esta reunión de seis relatos, titulada Resultado final, cae como auténtica agua de mayo [aun estando en marzo]. Pese a su factura y los planteamientos desiguales, estas nouvelles son un motivo de regocijo, y una vez más una excelente muestra del magisterio de Winslow. Su dominio de los mecanismos de la narración es tal que precisa muy poco —puede parecer que algunas de las historias estaban ya vistas— para darle un vuelco al corazón del lector, cortarle el aliento y hasta llevarlo a una cálida emoción. El autor hace gala de un manejo absoluto, casi insultante, de la tensión, de la administración del suspense. Y es un espectáculo para la inteligencia comprobar cómo va dosificando la información, cómo va pergeñando la trama, con aparente facilidad, una invitación a dejarse arrastrar por la pura fuerza del relato, ya sea en los ambientes carcelarios, entre mafiosos o con una pandilla de surferos. Comparten este hatillo de cuentos un colofón —sorprendente o no tanto— que les confiere buena parte del sentido, en cuanto que todo tiende hacia él, todo está armado para dar forma a esa conclusión, esté detrás un dilema moral, un atraco a un casino, la tenacidad de un joven estudiante, el infortunio de un padre de familia, la bondad natural de un deportista o la pura celebración del diálogo chisposo entre hampones. La única pega que se le puede poner a Winslow es que dos o tres de ellos hubieran dado lugar a sendas maravillosas novelas.