Antonio Lobo Antunes deja este mundo tras haber creado algunas de las más hermosas páginas de la historia de la escritura
05 mar 2026 . Actualizado a las 18:13 h.Por desgracia, es cierto: Antonio Lobo Antunes ya habita lo que nosotros llamamos muerte. Se ha ido a vivir al otro lado del río, a la eternidad. Y uno, envuelto en el dolor que trae consigo la noticia de su marcha —la noticia de la desaparición de uno de los más grandes autores que le ha dado al mundo la literatura europea—, no quiere decir lo que, en su momento, ya Torga dijo de Pessoa: que su país lo vio pasar sin preguntarse quién era. Porque lo cierto es que Portugal, nuestro querido Portugal, nuestro Portugal hermano, sí fue muy consciente de la grandeza de la obra de Lobo Antunes. Como también lo fue España, gracias al esfuerzo, entre otros, de Dolores Vilavedra, de Mario Merlino y del conde de Siruela. Pero el mundo de las letras (¿y qué significará eso del mundo de las letras...?), en general, no ha estado a la altura de un creador que abrió nuevas puertas a la escritura, como en su momento las abrieron Joyce (¡Sí, sí, Joyce, estoy diciendo exactamente lo que digo...!) o Faulkner.
Y son muchos quienes se preguntan, a esta hora, por qué Lobo Antunes no recibió el Premio Nobel de Literatura. Por qué se ha ido sin ese galardón que tampoco recibió Antonio Tabucchi (como no lo han recibido, al menos hasta ahora, ni Pierre Michon ni Claudio Magris). Nosotros podríamos responder a esa pregunta, y salir del paso, esgrimiendo un tópico viejo: que los premios, a los libros, no les cambian ni una sola coma; o diciendo lo que Tabucchi me dijo un día, cuando le pregunté precisamente por el Nobel: que escribir es algo tan hermoso que no merece la pena perder el tiempo pensando en galardones, en cosas como esa. Pero no es bueno, o al menos así me lo parece a mí, que el tiempo de Lobo Antunes no haya sido capaz de reconocer que tenía ante sí a un escritor que ha hecho que nuestras vidas fuesen mejores y que nos ha enseñado a ver más allá de las sombras.
Hay libros que son para grandes lectores, es verdad. Libros, como los de Antonio Lobo Antunes, que exigen, de quienes los leen, un esfuerzo que a veces roza lo titánico. Pero esos libros (¿no están ustedes de acuerdo conmigo...?) hacen que nuestras vidas merezcan ser vividas. Algunos, y quiero decirlo en voz bien alta, estaremos en deuda con Lobo Antunes siempre... y para siempre. Se ha ido sin que pudiésemos darle las gracias, y eso, en este instante, aún hace más grande nuestro dolor.