Sherpa: «Barón Rojo era una pequeña España, como cuatro comunidades que tiraban cada una para un lado»
CULTURA
«Me vino muy bien que me cancelaran, ya estaba cansado de este mundillo», dice el bajista que actúa este fin de semana en Galicia con Los Barones
27 oct 2025 . Actualizado a las 17:06 h.José Luis Campuzano Sherpa y Hermes Calabria son el 50 % de Barón Rojo. Y eso supone que han sido la mitad de una de las grandes formaciones de la historia del rock nacional. Después de la imposibilidad total de mantener el proyecto con los otros integrantes, los hermanos Carlos y Armando de Castro, por sus tensiones personales han creado Los Barones. Hoy actúan en A Coruña (sala Mala Vida) y mañana en Lugo (Sala Jagger) con la intención de revisar un repertorio mítico. En ambas fechas estarán acompañados de la banda Solrain.
—¿Esas canciones de los 80 de Barón Rojo, tan míticas, tienen para usted el mismo significado hoy en día o ha cambiado con el tiempo?
—Pues creo que tienen más significado aún. Cuando era joven no me daba cuenta de que estábamos haciendo algo bastante más serio de lo que creía. Por ejemplo, Resistiré. Te das cuenta de que no es que fuera profética, es que lo clavó con lo que está pasando: «Ordenáis a los profetas que hablan de la guerra mundial / Lleváis siglos maquinando el final de la humanidad». Ahí tienes las pandemias, toda esta historia que viene de las cúspides tenebrosas que están empeñadas en hacernos sufrir a la humanidad. O sea, que las canciones siguen vigentes. Otra: Este mundo es un campo de concentración. Realmente, cuando lees noticias de que en Inglaterra acaban de detener a un señor de madrugada, la policía lo sacó de su casa porque escribió un post que decía “Fuck Hamas”. Solo por escribir eso lo han detenido, acusado de incitación al odio. O sea, ahí lo tienes... Este mundo es un campo de concentración. Así que ahora, que ya tengo unos años, me he dado cuenta de las cosas importantes que estábamos diciendo en nuestras letras.
—Se demuestra que esas canciones, que quisieron captar su momento, han pervivido y sirven para radiografiar el mundo actual. Son clásicos.
—Claro. Has dicho la palabra exacta. Yo creo que la música de Barón Rojo se ha convertido en un clásico del rock. Si hay una música clásica en lo sinfónico, nosotros hemos creado, en una escala muy pequeñita, el clásico del rock. Te lo puedes escuchar en cualquier momento, porque las letras estaban dirigidas a gente que piensa, gente intelectualmente capaz de preguntarse cosas en la vida. Por eso creo que nuestras letras fueron importantísimas.
—Barón Rojo era mucho más grande que la mayoría de los grupos que se recuerdan cuando se mira a los años ochenta españoles. ¿Por qué piensa qué ocurre eso?
—Pues mira, el asunto es que nosotros molestábamos. Ser rockero es ser rebelde. Si no eres rebelde y no te posicionas frente al poder, siempre será un rock descafeinado. ¿Qué pasa entonces? Que los rebeldes molestan al poder. Las letras molestan. De hecho, te podría contar que la Cadena Ser nos vetó la salida de un single que era el lanzamiento de Disco Rojo. Ni pagando la compañía, quisieron sacarlo. ¿Sabes por qué? Por Pico de oro. Decía: «Y ahora hay más, más, cada día hay más. Pico de oro con carné». Solo por decir «con carné», ya se suponía que estábamos hablando del carné del PSOE. Y el tipo responsable de la cadena dijo: «No, esto no lo sacamos». Los de la compañía fueron rogando: «Oye, por favor, que es nuestro lanzamiento estrella». Nada. «Que no lo sacamos, que no lo sacamos». Y no lo sacaron. Nos fastidiaron el lanzamiento. Claro, fíjate tú cómo molestábamos. En cambio, grupos como La Orquesta Mondragón o Mecano no molestaban. Era música de entretenimiento para los chavales, para los jóvenes. Nosotros éramos un hueso duro. Éramos cabrones. Nosotros le tirábamos patadas en la espinilla al poder. Y el poder nos devolvía collejas, pero bueno...
—Dice que Barón Rojo tenía un componente pop en las melodías. ¿En los ochenta lo hubiera apaleado por decir algo así?
—Yo siempre sostuve que a Barón Rojo no se le podía clasificar o meter únicamente con el sello heavy. Hacíamos algunas canciones que eran heavy metal, otras que eran hard rock, rock más clásico, si quieres. Pero también hacíamos canciones con melodías totalmente pop, o sea, melodías bonitas. Y eso es algo que también han tenido los grupos pop. The Beatles, por nombrar a los grandes. Tenían melodías bonitas, melodías que te levantan el ánimo, que son muy agradables al oído. Y Barón Rojo tenía cosas de esas. Era un grupo muy ecléctico, variado en su manera de componer.
—Claro, claro, esa pegada también la tenía Iron Maiden, por ejemplo. Ese punto melódico que te entraba dentro y las canciones pasaban a ser himnos.
—Claro, o Rainbow. Rainbow con Ronnie James... Para mí es uno de mis grupos favoritos. Incluso Deep Purple, que también tenía melodías muy buenas.
—Además de esas melodías pop y de ese sonido bestial, había algo con lo que conectaron con toda una generación: letras que hablaban de un estilo de vida y de una filosofía en la que verse totalmente reflejado. Tengo la sensación de que ahí se creó un universo de algo que nunca se había contado en España.
—Por ejemplo, en la canción Chicos del rock se refleja eso: «Se les ve vagar por las calles, vienen y van, salen de sus tristes escuelas hacia su triste hogar». Nosotros, los heavys, éramos como los apestados. Porque los popis eran, primero, generalmente de clase más alta. Por eso hubo muchas más víctimas de la heroína en el mundo pop, por lo menos aquí en Madrid, que en el mundo rock. Porque en el mundo rock, no sé por qué sería, pero seguramente porque tampoco había suficiente dinero como para gastarlo en heroína. En el mundo rock, aquí, pues se fumaba un canuto y se bebía una cerveza, nada más. Éramos más de clase trabajadora, de working class hero, como decía John Lennon. Y bueno, la movida era la preferida por el poder, porque era agradable para ellos. Fíjate, Mecano, sus canciones... Y ojo, no critico las canciones de Mecano, que eran cojonudas para el objetivo que perseguían, claro. Pero nosotros éramos unos cabronazos, éramos gente bien, que les escupía a la cara al poder. Y entonces había que sacudirnos. Nos sacudieron bien, ¡eh!
—En los años ochenta si vivías en un barrio, más allá de lo que te daba la radiofórmula, había dos caminos: uno era Barón Rojo y el otro era el de Los Chunguitos.
—Fíjate, Los Chichos y Los Chunguitos, en cierto modo, eran muy parecidos a nosotros. Eran gente humilde, gente de raza gitana, que también estaban marginados. Los Chunguitos declararon una vez que una de las cosas que les apetecía mucho era compartir escenario con Barón Rojo. Éramos rebeldes. Y ellos también.
—Bueno, esos mundos se juntaron muchas veces, porque iban en paralelo. ¿En Estopa llegan esos dos universos a un sitio parecido?
—Sí, de hecho, fíjate, nos encontramos con Estopa en una de las radios, en la Cadena COPE. Se quisieron hacer fotos con nosotros porque eran fans nuestros. En su zona donde habíamos tocado bastantes veces y siempre que podían iban a vernos.
—En la construcción de todo ese universo de Barón Rojo tiene un papel clave Carolina Cortés, su mujer.
—Indispensable. Si no hubiera existido Carolina, el Barón Rojo que se conoce, el Barón Rojo que llegó a los corazones de los chavales, no habría existido. Porque, además, se juntó mi rebeldía con la de ella. Porque Carolina es rebelde a su manera, no es una rebelde bestia como yo, que siempre estoy cabreado contra el poder. Ella es mucho más pacífica, mucho más tranquila. En la mayoría de las letras, le decía mis impresiones y mis imágenes. Y esas imágenes había que componerlas en una canción literariamente buena. Es lo que hacía Carolina en la mayoría de los temas. En otras, Carolina hizo las letras ella sola. Yo le decía: «Oye, Carol, mira esta melodía que he hecho, a ver qué se te ocurre». Por ejemplo, en el tema Barón Rojo yo le di la melodía y ella compuso la canción entera. Pero en otras canciones, como Resistiré, todas esas son imágenes mías. Imágenes de mala leche, de odio al poder que nos oprime, que nos pone la bota en el cuello. Carolina no es así, pero supo captar todas esas imágenes que yo le ponía de una forma literaria estupenda. Vamos, que yo no habría conseguido ponerlo. Habría dicho lo mismo, pero no tan bien dicho.
—Y luego, aparte, es que eran muy buenos en directo en ese momento. No eran el típico grupo joven que tuvo que aprender a tocar. ¿Eran músicos de verdad cuando subieron al escenario por primera vez?
—Sí, además, teníamos mucho pudor, mucha vergüenza torera de decir: «Oye, hay que saber hacerlo bien siempre». Jamás hemos dado una actuación por perdida. Aunque sonara muy mal, siempre estuvimos ahí al cien por cien, dándolo todo para que la gente lo disfrutara. Y eso era de agradecer, claro. Eso lo agradecía la gente.
—Y todo eso con unas tensiones internas que acabaron como acabaron. A los fans del grupo siempre nos ha dado lástima la evolución del grupo y su penoso final.
—Sí, mira, Barón Rojo era una pequeña España. Eran como cuatro comunidades, y cada una tiraba para un lado. Nunca nos pusimos de acuerdo. Y, sobre todo, lo más importante: nunca dimos con un mánager serio, un mánager de verdad. Porque mánager significa el que maneja. Siempre es más importante un buen mánager que un buen grupo. Porque un buen mánager, manejando bien a un grupo mediocre, puede llevarlo hasta lo más alto de la fama. Pero un mal mánager puede malograr a un buen grupo. Ese fue el problema: no tuvimos un verdadero mánager. Y luego, nuestra compañía. Era detestable en muchísimos aspectos. Detestable, absolutamente detestable. Lo único que les interesó fue ganar mucho dinero con Barón Rojo. No ayudarnos en absolutamente nada. Por eso perdimos oportunidades maravillosas: hacer la gira con AC/DC, con el For Those About to Rock; ir a tocar al Budokan, que nos lo habían propuesto. Fíjate tú qué lujo para un grupo español: One Night at Budokan de Barón Rojo. Pues nada. La compañía no quiso involucrarse en absoluto. Y no fue por dinero, sino por la molestia de hacer gestiones con Japón. A ellos les bastaba con forrarse bien cuando vendíamos discos de oro y de platino. Todo eso confluyó en la desunión del grupo, que terminó fastidiando el proyecto. Pero si hubiéramos tenido a alguien mandando, que dijera: «Mira, ni para allá ni para acá, vamos por aquí, porque lo digo yo, que soy el mánager y sé lo que quiero para vosotros», habríamos agachado las orejas y seguramente habríamos llegado a un acuerdo.
—En el disco «Volumen Brutal» (1982) salían unas imágenes interiores de ustedes con Iron Maiden. Era impresionante en aquel entonces ver que un grupo español codearse con la élite del heavy internacional. ¿Qué sentían?
—Bueno, mira, a mí me cabe el honor de haber estado tocando en Reading y ver a los grupos, a Lemmy de Motörhead y todos estos, abajo o en el escenario aplaudiéndonos y diciendo: «Joder, este grupo español mola». O sea, nos hemos codeado con la élite del rock mundial.
—Cita a Motörhead. No sé si sabe que en los últimos años del grupo hubo un repentino interés por parte del mundo indie por ellos. Festivales como el Primavera Sound los llevaban a tocar. Y yo pensaba: ¿y Barón Rojo qué? Porque «Ace of Spades» y «Resistiré» están en el mismo nivel: la misma intensidad, la misma intencionalidad, el mismo sonido y la misma grandeza.
—Pues ahí es donde entra un buen mánager, y una buena compañía, una buena gestora, un buen A&R que diga: «No, no, vamos a ir por aquí. Este grupo, si ya nos ha dado dinero, ahora nos va a dar mucho más». La compañía nuestra fue para olvidarla.
—Veo el bajo de Lemmy y el suyo. Era raro el bajista-cantante, pero además tenían el mismo instrumento. ¿Era un referente suyo?
—No, porque yo no estaba muy enterado. Yo venía del pop sinfónico. Había estado dos años con el grupo Los Módulos, que habíamos cambiado. Aparte de tocar sus éxitos, Todo tiene su fin y todo eso, hicimos otro grupo con otro nombre. Nos llamábamos Tao. Hacíamos unas canciones, para mí, estupendas, buenísimas. Estábamos en la onda de Genesis, en la onda de Yes. En esa onda estábamos. Pero no era nada comercial para aquí. No nos quiso ninguna compañía. Hicimos unas maquetas buenísimas de música sinfónica, y no nos quiso nadie. Entonces yo venía de ese mundo. No conocía mucho los entresijos del heavy metal, hasta que me fui enterando poco a poco. Yo no sabía quién era Lemmy, hasta que me lo presentaron, precisamente en la presentación oficial de Bruce Dickinson con Iron Maiden. Acababan de ficharlo, hicieron su presentación oficial en un teatro llamado Rainbow. En ese teatro habían quitado todas las sillas y había quedado una sala grande. Nos invitó Bruce Dickinson, nos invitó él personalmente. Y en un descanso que hicieron, salimos a tomar unas hamburguesas a la cafetería del sitio, y me presentaron a Lemmy. Hubo mucha afinidad, porque luego el tío me buscaba, me llamaba José, y me quería enseñar un casete con nuevas canciones que había hecho. Pero yo no lo conocía, fíjate. Curiosamente, son cosas del destino. La gira que hicimos con Hawkwind, él acababa de salir de Hawkwind, pero yo no lo sabía. Y curiosamente yo llevo el mismo Rickenbacker que él. O sea que había una coincidencia curiosa, muy curiosa.
—Me está hablando de Bruce Dickinson y Lemmy, iconos totalmente referenciales. ¿Trataban con esta gente de tú a tú, sin complejos?
—Totalmente. De hecho, Bruce Dickinson se interesó mucho por nuestro grupo. En la grabación de Volumen brutal, en los estudios de Ian Gillan, los Kingsway Recorders, vino no una, ni dos, ni tres, sino varias veces. Estaba allí en la grabación, opinaba, y le gustaban mucho las letras en inglés que hizo Carol. Las adaptaciones le flipaban. Bruce nunca se creyó que Carolina, mi mujer, fuera española. Como es rubita, delgada, y habla inglés de la puta madre, le decía: «¿Me estás vacilando? Tú no eres española, hombre, que no, que no». Y claro, leía las adaptaciones y decía: «Joder, muy bueno. Muy bueno». Las adaptaciones que hizo mi mujer de las letras de Volumen brutal le encantaban. Nos tratábamos de tú a tú.
—Bueno, eso se notaba. «Volumen brutal» es uno de los mejores discos de la historia del rock español. Un clásico perfecto, de arriba abajo: portada, sonido, canciones... lo tiene todo. ¿Cree usted que es el momento culmen de Barón Rojo, la cima total del grupo?
—Sí, sí, es el momento. Yo creo que, si alguien te pregunta quién fue Barón Rojo y qué hizo, le presentas Volumen brutal, evidentemente.
—Hablábamos antes de esas tensiones. Yo recuerdo que los vi en 2010, cuando se reunieron. Fue aquella gira abrupta que se tuvo que acabar antes de tiempo por sus problemas internos. Pero el concierto que dieron en A Coruña fue tremendo. Para muchos fue un sueño hecho realidad. Yo, por edad, no los pude ver cuando era pequeño, pero aquel concierto fue increíble. La banda en el escenario funcionaba. ¿Qué pasaba ahí con el mal rollo?
—Ah, no, sí, sí. El mal rollo se quedaba fuera. Cuando subíamos, lo importante era la canción. Y yo, por lo menos en mi caso, y creo que en el de los hermanos también, siempre tratábamos de hacerlo lo mejor posible. En eso fuimos muy profesionales, y teníamos mucho punto de honor. Eso sí lo puedo asegurar.
—Antes le preguntaba si las canciones habían cambiado con el tiempo. ¿Hoy en día se siente un hijo de Caín, más que nunca?
—Más que nunca, más que nunca. Además de Caín... hay mucha interpretación de la historia, de la leyenda bíblica de Caín y Abel. Vi un programa americano hace tiempo que explicaba que Caín y Abel representaban la civilización agrícola y la civilización ganadera. La civilización ganadera fue vencida por la agrícola cuando el hombre empezó a fabricar armas y utensilios de bronce, cuando descubrió la metalurgia. De hecho, Caín significa en ese idioma antiguo «herrero». Fíjate qué curioso: es el mismo personaje que Vulcano en la mitología griega. La civilización de Caín empezó a labrar la tierra, dejó de ser trashumante, se convirtió en sedentario y fundó las ciudades. De hecho, el supuesto Dios de la Biblia dice: «Ojo, este hombre es un maldito y yo le destierro de aquí, pero que nadie le haga daño porque fundará ciudades». Eso lo dice en el Antiguo Testamento. Cosa que no entiendo. Le acaban de echar por matar a su hermano y, sin embargo, le dice que cuidado, que no le hagan daño porque fundará ciudades. Cuando la civilización empezó a entender que si plantas una semilla, crecen lechugas y tomates, dices: «Oye, pues voy a hacer una cabaña aquí». Entonces, el conflicto fue con los ganaderos. Como en las películas del oeste: «Oye, tus ovejas están pastando en mis prados», y se llevan a tiros. Esa es la explicación que daban, y me pareció bastante convincente, fíjate. Y luego, al margen de esas cosas míticas, curiosamente Caín significa herrero, y yo tengo alma de herrero, alma de forjador. De hecho, hago esculturas y me muevo en mi taller con fuego, con sopletes, con corte de plasma, con soldaduras y con todo. Es curioso, sí, sí. Además, fíjate qué curioso: en el horóscopo chino, yo soy tigre de metal. Qué curioso.
—Sus opiniones políticas de los últimos años han generado mucha polémica, con críticas de compañeros y fans. ¿Se ha sentido cancelado?
—Hombre, no es que me haya sentido, es que estoy cancelado. Perdí muchísimas actuaciones y prácticamente me echaron de este mundillo. ¿Por qué? Porque el rock, por lo menos aquí, en lo que es Castilla, Madrid y alrededores, está muy manipulado por dos o tres tipos que son activistas comunistas. Comunistas de verdad, del Partido Comunista. Eran muy amigos míos y yo muy amigo de ellos. Y cuando empecé a manifestarme contra este gobierno y contra los sindicatos estos, que son sindicatos de vergüenza, totalmente de vergüenza, me dijeron: «Oye tío, cuidado». Y entonces se volvieron mis peores enemigos. Me hicieron cosas que yo jamás había hecho a nadie. O sea, cancelar a un tío y perseguirlo en Facebook y en todos estos sitios, perseguirlo porque está en desacuerdo con cómo está llevando la política este gobierno socialista, yo jamás lo habría hecho, jamás. Dicen: «Es que eres un fascista» Primero, vamos a ver, ¿qué es un fascista, chaval? Y segundo, yo soy una persona honrada, que trata de pagar sus deudas, que cumple su palabra, que tiene palabra de honor, que respeta a su vecino, que respeta al medioambiente. ¿Qué me dices tú de fascistas? Soy una persona honrada y me gustan las personas honradas. Y las personas que, por una causa política, son capaces de hacer daño a su mejor amigo…. Yo no soy de esos, tío. Entonces, bueno, pues de todas formas, me hicieron mucho menos daño del que ellos se creían, porque me vino muy bien que me cancelaran.
—¿Le vino bien?
—Estaba ya muy cansado de este mundillo. Porque ya tengo 75 años, me queda un mes para cumplir 75. Y eso de ir en furgoneta, estar fuera dos o tres días de casa, volver cansado y hacer este repertorio que exige. Tú no puedes salir a cantar en playback. Tienes que salir a darlas, tienes que salir a cantar Los rockeros van al infierno y Resistiré de verdad. Vuelves derrumbado, hecho polvo. Y encima, el caché ya no es el mismo que cuando estabas en la cima. Pues yo estaba pensando en dejarlo, pero me daba un poco de vergüenza dejarlo, fíjate. Me daba un poco de complejo decir: «Joder, he tirado la toalla». Sin embargo, me hicieron tirar la toalla esta gente. Me vino muy bien, francamente. Y ahora hicimos Los Barones con Hermes. El sábado y el domingo veréis la diferencia entre Los Barones y los Barón Rojo de ahora.
—¿Y Los Barones son su particular Resistiré de este momento?
—Claro, sí, sí, exactamente. Sí, sí.
—¿Piensa que está haciendo eso, resistencia?
—Siempre, siempre resistiendo. Siempre, siempre. Porque, mira, rock and roll tiene dos erres. Es como el Rolls Royce. Es rebeldía y rebeldía. Rebeldía y resistencia. R, R. Y el que no sea rebelde y resistente contra el poder, ese no es un rockero. Ese hace rock. Ese es un tipo que hace rock como podía hacer pop. Pero un verdadero rockero lo lleva en el corazón.
—¿Y siente que ha decepcionado a la gente? Porque hay gente que se ha decepcionado con usted muchísimo.
—No, no. A la gente me ha decepcionado a mí. Yo siempre fui y he sido como me oyes, como me ves y como me ha visto la gente. Siempre he ido de cara. De hecho, en Twitter me puse como Sherpa Barón. No me puse ningún nick. Eso te hace estar en una ventana, dispuesto a que te tiren piedras desde la calle. Si hubiera estado oculto no se sabría que era yo quien decía las cosas contra este tipo que nos está malgobernando. Yo siempre he ido de cara. ¿Me han dado mucho? Sí ¿Me ha decepcionado mucha gente? Si ¿He decepcionado yo? La gente que se ha decepcionado conmigo es que no me conoce, porque los que me conocen de verdad no se han decepcionado, sino que se han alegrado de que diera ese paso al frente, aunque me cancelaran.