José Sacristán, el niño que hacía el indio frente a su abuela

San Sebastián / Colpisa OSKAR BELATEGUI

CULTURA

José Sacristán, tras recibir el Premio Nacional de Cinematografía.
José Sacristán, tras recibir el Premio Nacional de Cinematografía. Alberto Ortega | Europa Press

El actor recibe en San Sebastián el Premio Nacional de Cinematografía: «¡Se lo han creído, qué suerte; llevo más de sesenta años sin dejar de jugar», celebró

20 sep 2021 . Actualizado a las 20:59 h.

«Hace poco leí una entrevista a mi admirado Luis Landero en la que citaba a Nietzsche. Decía: no hay mayor seriedad que la del niño cuando juega. Yo me ataba unas cuantas plumas de gallina en la cabeza y me plantaba, desafiante, ante mi abuela. ¡Virgen santa! ¡Un indio!, gritaba ella. Se lo ha creído, pensaba yo. Cuando tuve noticia de la concesión de este premio, volví a oír el grito de mi abuela. ¡Se lo han creído!».

José Sacristán (Chinchón, Madrid, 1937) convirtió su discurso de agradecimiento al recibir el Premio Nacional de Cinematografía en una pequeña representación teatral, tal es la capacidad hipnótica de una voz que se ha hecho más grave con los años y cuyo tono ya está a la altura de la de su admirado Fernando Fernán-Gómez. «Se han creído que era el recluta, el emigrante, el ingeniero, el de los globos, el asesino. ¡Qué suerte, más de sesenta años sin dejar de jugar!», confesó el actor en la última planta del edificio de Tabakalera ante un auditorio embelesado.

El Nacional de Cine se entrega tradicionalmente el primer domingo del Festival de San Sebastián, pero este lunes era el único día en que Sacristán descansa de las representaciones de Señora de rojo sobre fondo gris, la obra de Miguel Delibes con la que lleva tres años de gira por los escenarios de España. Como recordó Aitana Sánchez-Gijón, su compañera durante cinco temporadas en la serie Velvet, los actores pueden disfrutar de una jornada de descanso gracias a la huelga que Sacristán y otros como Juan Diego, Ana Belén y Tina Sáinz hicieron en 1975. «Porque Pepe es el hijo del Venancio y de la Nati, un niño del Chinchón de posguerra que se crió con su abuela hasta los siete años mientras su madre seguía los pasos del padre de cárcel en cárcel. Un niño que comprendió muy pronto que a su familia le había tocado del lado de los que habían perdido», contó la actriz.