Ángela Molina: «El cine no morirá nunca»

La veterana actriz recibirá el Goya de Honor el 6 de marzo


Madrid / Colpisa

A Ángela Molina (Madrid, 1955) el brillo en la mirada no se le apaga nunca. A los 65 años, la actriz, que recibirá el próximo 6 de marzo el Goya de Honor, afirma que jamás ha pensado en serio en la retirada. «Solo a veces, cuando estoy cansada», confía entre risas a los periodistas en la rueda de prensa con motivo del galardón. Intérprete «inmensa y excepcional», como la ha presentado el presidente de la Academia de las Artes y de las Ciencias Cinematográficas, Mariano Barroso, está convencida de que «el cine no morirá nunca» y considera que, frente a las dificultades y las barreras impuestas por la pandemia, lo mejor es «seguir creando, si cabe más unidos que nunca».

No duda, pues, de que la industria cinematográfica seguirá adelante. «Hay una continuidad histórica, que siempre se va a asumir. Todo lo demás es ciencia de la imagen, algo que nos sobrepasa. La imagen hoy en día está en nuestras manos de una manera muy potente. Cada uno busca lo que necesita y lo tiene a su alcance y eso es algo muy de agradecer», dice en referencia a las pantallas presentes ya en todos los contextos, «y perpetúa el sentido que tiene el poder contarnos con imágenes la vida». Eso sí, apostilla, «nos estamos salvando milagrosamente. Creo que así va a ser y hay que tener una gran confianza en lo que somos juntos».

El encuentro tuvo lugar en la mañana del lunes en la sede madrileña de la academia, con las medidas de seguridad habituales. Sonriente y divertida, Molina explicaba, antes de quitarse la mascarilla, que se había hecho una PCR y que tenía el resultado negativo en el móvil, «por si alguien tiene alguna duda». Ha sido momento para hacer balance y repaso a una carrera en la que ha dado vida a más de 150 personajes, bajo el mando de directores como Buñuel, Pedro Almodóvar, Jaime Camino, Jaime Chávarri, Jaime de Armiñán, José Luis Borau, Pontecorvo, Bigas Luna, Josefina Molina, Marco Bellocchio, Ridley Scott, Alejandro Agresti, Miguel Picazo, Gerardo Vera, los hermanos Taviani, Luigi Comencini, Ricardo Franco, Enrique Gabriel, Miguel Littín, Alain Tanner, Tornatore, Agustí Villaronga, Imanol Uribe, Isaki Lacuesta, Julio Medem o Pablo Berger.

Consciente de los duros momentos que atraviesa el país a consecuencia de la pandemia, sus primeras palabras han ido para «los que lo están pasando peor» a los que les ha mandado «un abrazo que no termine nunca, toda mi consideración, amor y fuerza». No por ello, sin embargo, cree que los Goya vayan a ser menos Goya. «Van a ser igual que siempre -ha explicado-. Lo que pasa es que nos tenemos que intuir y no todos podrán estar, pero yo creo que se trata de que todo siga siendo como en realidad es. Se trata de tender puentes para que no haya ninguna pandemia que nos impida celebrar la fiesta del cine en España y en el mundo».

Y aunque es momento de echar la vista atrás, reconoce Molina que ella es de «vivir el presente». «Todos los momentos de mi vida están presentes en mí, somos lo que hemos vivido y el sueño y la ilusión de lo que nos espera por vivir y sí, inevitablemente, estoy, de alguna manera, más sentida con todo porque es un momento único, que soy consciente de que no se puede volver a repetir y le doy ese valor», dice del galardón que le acompañará toda la vida «porque me lo han procurado mis compañeros y eso es lo más importante de este premio».

Se ha puesto más seria cuando ha tocado hablar del #MeToo en relación a las últimas denuncias que han salido a la luz en la industria cinematográfica española. Cuenta la actriz que ella nunca ha vivido situaciones de este tipo. «Jamás he sentido un abuso de poder. Todo lo contrario, ellos me han enseñado a establecer una relación de confianza, de aprendizaje de lo que somos», explicaba, al tiempo que se mostraba convencida de que quienes han denunciado lo han hecho porque «lo necesitaban». No obstante, Molina recuerda que antes de empezar a trabajar sí vivió una situación que, vista ahora, «fue hasta cómica». «Fui al despacho de un productor que ya no está aquí y quiso hacer la gracia de acercarse a mí saltando un sillón, pero tropezó y cayó al suelo. Yo me marché. Para una película de Billy Wilder estaría guay», apunta.

Hacer un Lorca

A diferencia de los nominados, la actriz sí acudirá al teatro Soho Caixabank de Málaga a recoger el Goya honorífico. La noticia de que iba a recibir el galardón se la dio Barroso por teléfono. «Le solté una carcajada, pero es que no me lo esperaba. Recibí la noticia con un torrente de alegría incontrolable», sostiene quien aún no ha pensado en el vestido que llevará: «¡Queda un mes!».

Molina, que acaba de ser abuela por cuarta vez, asegura que no cambiaría el proceso de envejecer «por nada del mundo». Inmersa ahora en el rodaje de Un asunto privado, una serie cómica «inteligente y delirante», de los responsables de Velvet, explica que tanto en cine como en televisión «el oficio es el mismo. El único peligro que veo en las series es que a veces se corre demasiado».

La actriz, que ha tenido unas cariñosas palabras para Buñuel y Almodóvar -«son absolutamente únicos, puros como niños, están enamorados de lo que hacen, y han dejado una huella en mi memoria que es imposible de borrar», dijo-, le pide al futuro volver al teatro: «Me apetecería alguna vez en mi vida interpretar una obra de Lorca, por todas las afinidades que siento. Le debo eso y lo necesito».

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