«El espectador», tercer volumen de los diarios de Imre Kertész que llega al castellano

H. J. P. REDACCIÓN / LA VOZ

CULTURA

El escritor húngaro Imre Kertész (Budapest, 1929-2016). A la derecha, portada del nuevo volumen de sus diarios que edita Acantilado
El escritor húngaro Imre Kertész (Budapest, 1929-2016). A la derecha, portada del nuevo volumen de sus diarios que edita Acantilado acantilado

Los escritos abarcan buena parte del intenso periplo del escritor húngaro y ofrecen una perspectiva muy íntima de su pensamiento, su producción intelectual y su vida

23 ene 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Pese a que recibió en el 2002 el Nobel de literatura -con el eco que supone- y pasaron 14 años hasta su muerte, el entusiasmo en la recepción de Imre Kertész (Budapest, 1929-2016) no logró despegar. La condición de superviviente de los campos nazis de Auschwitz y Buchenwald, adonde fue deportado siendo un adolescente, incluso pudo perjudicar el conocimiento de su obra. Y es que el sello del lager sigue imponiendo respeto al lector, la llamada literatura concentracionaria, el testimonio de quienes salieron vivos de las factorías de la solución final de Hitler, es como una bola de hierro en el estómago de la historia. A fuerza de ser necesaria, a no todos apetece una inmersión en el horror, y mucho menos a todas horas. Sin embargo, Kertész, una de las voces mayores -junto a Primo Levi y otros- de estas granjas de la muerte es mucho más que un notario. Su relato excede aquellas alambradas, a lo que suma un irreductible aliento ético y el poderoso estilo de su escritura. Sin destino (una novela-reflexión sobre la experiencia de Auschwitz) y Liquidación (lo primero que escribe sobre el Budapest posterior a la caída del muro de Berlín y el derrumbe del Estado soviético) son un monumento a la memoria de qué es Europa y qué fue el siglo XX. Kertész dejó unos diarios que abarcan buena parte de su intenso periplo y ofrecen una perspectiva muy íntima de su pensamiento, su producción intelectual y su vida. Acantilado completa ahora el ciclo integrado por Diario de la galera y La última posada. Entre ambos, se sitúa El espectador (1991-2001), que Kertész comienza asumiendo el dudoso estatus de famoso alcanzado, y las onerosas obligaciones que supone. Se ve ridículo, repitiéndose por los platós de televisión y descuidando a los suyos. «Me convierto en una empresa», deplora. Lee, en cambio, los diarios de Márai y admira su «valentía desilusionada» y su prosa «sin adornos». Y cuestiona su propia judeidad y la mística judía. Un mundo en el que adentrarse resulta una aventura fascinante.