«Manual de la buena esposa»: Cero en conducta

El mayo francés revoluciona un internado femenino donde enseñan a las alumnas a ser perfectas amas de casa


Entre el esperpento y la caricatura, Manual de la buena esposa practica un juego inevitablemente insatisfactorio pero adornado con divertidos momentos y también con una trabajada riqueza en la puesta en escena. Y es que la película, más allá de cierta disimulada mansedumbre, tiene un valor innegable: el extrañamiento está bien conseguido en la representación de un grotesco internado para señoritas que acaba revolucionado al filo del mayo francés.

Año 1967. Amanece, canta el gallo, gorjean los pajaritos, en un pick up suena Adamo -Cae la nieve- y las persianas del internado se abren, dejando pasar la luz. Comienza el curso con quince nuevas adolescentes que, durante dos años, serán «educadas» por cuatro adultos alcanforados. Entre esas cuatro paredes, a las niñas les van a enseñar «los pilares para llegar a ser buenas amas de casa y agradar a sus futuros esposos». El dueño de la institución, su mujer, su hermana y una desconcertante monja fumadora parecen sacados de una historieta de Bruguera o, mejor, de un cómic de Aquiles Talón.

Lo ridículo explosiona tras la muerte accidental del patriarca, atragantado por un hueso de guiso de conejo cocinado por la desconsolada hermana. Tras la muerte del mundo masculino -del único hombre del vetusto establecimiento-, los acontecimientos se precipitan en cascada queriendo emular el ritmo de una película de Jacques Tati y el color -no la impostura- de un filme de Jeunet.

Los cuatro profesores exhiben físicos dignos de la Rue del Percebe gracias al esforzado e histriónico trabajo de Juliette Binoche, Yolande Moreau, Édouard Baer y Noémie Lvovsky, pero seremos más felices con la tierna construcción de las geografías de cuatro jovencitas, cuidadosamente seleccionadas por los narradores entre las habitantes del internado. La pelirroja -«las pelirrojas siempre son mala influencia», dice la monja-, la chica rica con inclinaciones lésbicas, la fea gafotas y la moderna beat brillan en una pelea de almohadas que es un sincero homenaje al Cero en conducta de Jean Vigo: espíritus lozanos indomeñables en un remolino de energía desbordada.

El actor y director Martin Prevost, siempre seducido por las historias de mujeres talentosas que luchan contra un mundo adverso -Violette Leduc o Seraphine de Senlis-, no será un genio -eso seguro- pero se le agradece el candor y la credulidad desplegados en torno a estas vidas que comienzan.

«MANUAL DE LA BUENA ESPOSA»

[«LA BONNE ÉPOUSE»]

Francia-Bélgica, 2020.

Director: Martin Prevost.

Intérpretes: Juliette Binoche, Yolande Moreau, Noémie Lvovsky, François Berléand, Édouard Baer, Anamaria Vartolomei, Pauline Briand, Marie Zabukovec, Lily Taïeb.

Comedia.

105 minutos.

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