Nucci, maestro hasta el final

césar wonenburger

CULTURA

La soprano Clara Panas y el barítono Leo Nucci agaradecen los aplausos del público congregado para el recital en el templo betanceiro
La soprano Clara Panas y el barítono Leo Nucci agaradecen los aplausos del público congregado para el recital en el templo betanceiro

El barítono boloñés regaló este jueves su maestría en la betanceira iglesia de San Francisco, en el que pasa por ser el último concierto que ofrezca en España

15 feb 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Leo Nucci (Castiglione dei Pepoli, 1942) es uno de los últimos grandes maestros de eso que los padres fundadores de la ópera denominaron «recitar cantando», es decir, actuar a través de la voz, cimiento de este arte, única verdad del teatro lírico que a menudo se olvida. Por eso, incluso careciendo de escenografías, en un lugar como el altar de San Francisco en Betanzos, se puede llegar a expresar toda la compleja gama de emociones contenidas en los personajes creados por Giuseppe Verdi, plenos de humanidad, simplemente a través del ejemplar uso del más noble de los instrumentos.

El de Nucci ha resistido el paso del tiempo de manera admirable, por su aquilatado dominio técnico, y hoy sigue sorprendiendo su insultante lozanía sobre todo en las notas más agudas. Por supuesto que el control de la respiración no puede ser ya el mismo, y en algún momento -dúo de Rigoletto- asoma ya cierta fatiga, pero qué más da, si por encima de todo se impone el intérprete capaz de otorgarle a cada palabra, a cada acento, su lógica a través de una dicción impecable, el ejemplar empleo de las dinámicas y un sentido del drama que en los tiempos actuales lamentablemente escasea ya.

Con el barítono boloñés, brillaron Clara Panas -qué bien estuvo en el bolero de Vísperas y en Muzika-, soprano moldava afincada en A Coruña, que si no ha tenido más oportunidades aquí es precisamente por el mal momento que atraviesa la lírica, incomprendida por las instituciones locales, pero que habría podido realizar una carrera relevante: las elecciones, sobre todo en los inicios, son definitivas.

Y por supuesto ese soberbio conjunto de cámara con el que Nucci suple en algunos conciertos la parte musical. Lucieron fantásticos en todo momento, como en un ejemplar Intermedio de Cavalleria Rusticana. Mención aparte merecen los fragmentos de El Sordo de Paolo Marcarini, atinada idea para el aniversario de Beethoven que bien podría estrenarse en A Coruña. En el estilo de los compositores de la Nuova Scuola, marca la senda correcta de lo que podría ser la ópera hoy, actual pero conectada con la gente, harta de experimentos. Por fortuna, Leo Nucci todavía puede dar muchas lecciones.