Medio siglo del disco que marcó el final de The Beatles

En 1969 grabaron «Abbey Road», el álbum que recogía las últimas grabaciones del grupo que se separaría al año siguiente

IMÁGENES DE LAS SESIÓN FOTOGRÁFICA PARA LA PORTADA DE ABBEY ROAD
IMÁGENES DE LAS SESIÓN FOTOGRÁFICA PARA LA PORTADA DE ABBEY ROAD

redacción / la voz

The Beatles barajaron la idea de llamar Everest al álbum que estaban grabando en la segunda mitad de 1969. Se sugirió que el grupo viajara al Himalaya para hacer la foto de portada. Entonces, tal y como dice el erudito Ian MacDonald, «descubrieron que no estaban preparados para ir más allá de la puerta del estudio: de ahí el título y la portada». Se refiere a Abbey Road, el canto del cisne de la banda más importante de la historia del pop.

El disco se editó hace hoy 50 años ocultando que la banda estaba prácticamente disuelta. Yendo cada uno por libre, alternando la amistad con la bronca y sin tener clara una dirección (McCartney valoró incluso volver a los directos, Lennon sugirió que las canciones suyas fueran en una cara y las de su compañero en otra), los músicos acudían a Abbey Road para registrar las piezas de un disco sin un hilo claro. Derivó en una colección un tanto inconexa pero aun así deslumbrante, con temas que a su vez se pueden descomponer en subcanciones y constantes muestras de calidad dentro de un carrusel.

Abbey Road es el elepé de Come Together, ejercicio de blues ralentizado y espaciado hasta el paroxismo. También es el álbum de la monumental Something y de Here Comes The Sun, dos de las piezas por las que siempre se recordará al George Harrison compositor. E, igualmente, incluye Because, ácida y genial muestra del talento caleidoscópico de un Lennon ensimismado en su condición de mito viviente.

En algunas canciones como Golden Slumbers se palpa cierto aroma a despedida, como si se estuvieran componiendo la música de los títulos de crédito de la gran epopeya pop. En otras como The End se marca el camino para sonidos que explotarán en los setenta como el glam-rock. Y en pasajes considerados erráticos como Sun King -con esos tics tontorrones tan de los Fab Four, como los versos en español-, se puede encontrar magia de sobra como para elevarse escuchándola hoy en día.

Ahora, como es norma en el mundo beatle, se lanza una reedición con tres cedés que pone al día el sonido. Giles Martin, hijo del mítico productor George Martin, asumió el reto imposible: a nivel técnico Abbey Road está considerado como el mejor álbum de The Beatles. Entre el material inédito, hay tomas desechadas, versiones demo y lecturas instrumentales del cancionero que conformó el disco de una banda genial pero resquebrajada. No tardaría en decir adiós. Fue el 10 de abril de 1970.

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