Stan Lee, el creador del superhéroe moderno

Muere a los 95 años Stan Lee, padre de un conjunto de personajes que transformaron el cómic, el cine y la actual industria del entretenimiento


redacción / la voz

Los superhéroes, tal y como se han entendido en el último medio siglo, tienen una deuda impagable con Stan Lee. Fallecido ayer en Los Ángeles a los 95 años, es difícil encontrar una sola persona que contribuyese tanto a forjar la noción del héroe en los tiempos turbulentos de las guerras mundiales, la bomba atómica y la carrera espacial. A través de sus personajes, de Spider-Man a Hulk, de Daredevil a Iron Man, de Pantera Negra a Doctor Extraño, de Los Vengadores a la Patrulla X, Lee también exploró el reflejo que el hombre corriente busca de sí mismo cuando se ve sometido a circunstancias extremas, cuando se expone a tecnologías sin control, cuando debe decidir qué hacer con su poder. En el fondo, aunque vestidas con los coloristas trajes del superhéroe, las historias de Lee son dilemas morales. Lo cual no impidió que se convirtiesen en auténticas fábricas de dinero -también de sueños- y que, al mismo tiempo, transformasen una industria naciente -el cómic-, llevasen a otra a nuevos conceptos -el cine- y, décadas antes, anticipasen la materia prima para lenguajes aún inéditos como el videojuego.

Stan Lee nació en 1922 en Manhattan, como otros, en el seno de una familia con raíces emigrantes, judías, en su caso. El joven abrigaba aspiraciones literarias e ingresó antes de la mayoría de edad en esa maquinaria de la ficción popular llamada pulp. Ya en la segunda posguerra mundial, con el renacimiento del género del superhéroe por virtud de DC, la competencia, lo que luego sería Marvel, encargó a Lee que asumiese el rol de generador de personajes. Así nacieron Los 4 Fantásticos, a los que muy pronto seguirían otras creaciones que llevarían los rasgos que sobre el papel concretaron otros dos nombres míticos del cómic, Jack Kirby y Steve Ditko, este último fallecido el verano pasado. El tópico que rodea el cómic norteamericano ha cimentado una imagen de producción en serie, con funciones diferenciadas, pero Lee era un estajanovista de la viñeta: ideaba personajes y guiones, escribía en los bocadillos, supervisaba entintados y colores, respondía la sección de cartas...

Stan Lee y Marvel se convirtieron en sintagmas inseparables. Y, a medida que se sucedían nuevas generaciones de aficionados, su ascendencia se afianzaba. Baste citar su aparición como toda una estrella en 1995 en Mallrats, el segundo filme de un entonces casi principiante Kevin Smith, quien a la postre se convertiría en amigo y valedor en los últimos años controvertidos que rodearon a Lee, envuelto en acusaciones, rumores y amenazas. Hasta el final, Lee creyó en la idea que fue el motor de su obra: todos necesitamos un héroe y buscar un superpoder. Él decía que su caso había sido la suerte.

Cuatro creaciones míticas de Stan Lee

SPIDER-MAN

Aparecido en 1962, Spider-Man encarna el superhéroe -y, además, adolescente- por excelencia que adquiere sus poderes por error y debido a circunstancias experimentales. El mayor éxito de Marvel.

HULK

Comparte año de nacimiento con Spider-Man y similares orígenes, entre el trauma y la ciencia. Un gran ejemplo de la dualidad de la personalidad, deudor del Jeckyll -Banner es médico- y Hyde de Stevenson.

DAREDEVIL

Nació en 1964. La historia del abogado ciego Matt Murdock es una de las que mejor se ha adaptado a nuevos intérpretes, desde el cómic de Miller al cine -Ben Affleck-, videojuegos y las plataformas de series.

IRON MAN

Primera aparición, 1963. Las primeras tramas abordaban la Guerra Fría. Una reflexión sobre el poder armamentístico y la responsabilidad de su uso, en los dilemas del millonario y científico Tony Stark.

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