«Christopher Robin»: Los peluches no tienen arrugas

eduardo galán blanco

CULTURA

Menos mal que la Disney, de nuevo, nos ha tranquilizado con una película seguramente algo aburrida, que dejará perplejos a muchos padres e hijos pero que es, sin duda, bonita de ver

14 oct 2018 . Actualizado a las 13:16 h.

Christopher Robin quiere ser una especie de Hook de Spielberg, hablándonos de lo mal que aprendemos a crecer y de todas las cosas a las que renunciamos al llegar a la llamada «edad madura». Esos materiales ya estaban en otra película del director Marc Forster, Descubriendo Nunca Jamás, que era la crónica de la creación de Peter Pan, con un James Barrie sufriendo por la infancia perdida. Si en aquella película el baby face Johnny Depp daba vida al papá de los Niños Perdidos, aquí, en Christopher Robin, es Ewan McGregor, otro rostro perpetuamente juvenil, a pesar de las arrugas, el que asume interpretar al personaje, ya adulto, que idearon Alan Alexander Milne y el ilustrador Ernest Shepard.

A la vuelta de la Segunda Guerra Mundial, el amiguito de los peluches ha crecido y es ejecutivo de una empresa londinense que fabrica maletas. Como le pasaba a Robin Williams en Hook -o a David Thomlinson en Mary Poppins- no tiene tiempo para su mujer -qué bien le sienta la boina parisien a Hayley Atwell- ni para su hijita -maravillosa Bronte Carmichael-, así que el osito Winnie y los otros peluches del bosque animado van en su ayuda. «¿Cómo me has reconocido después de tantos años?», le pregunta Christopher a Winnie. Para los peluches de nuestra infancia las arrugas no importan.

La animación está bien incrustada en la imagen real, los bichos son exactamente eso, peluches animados y brillan algunos secundarios, como el vendedor de periódicos Mackenzie Crook -flaco bizco de la serie Detectorists o de la saga Piratas del Caribe-, pero, al salir del cine, los cinéfagos no podemos dejar de pensar en esa destructiva biografía del creador de Winnie the Pooh titulada Adiós Christopher Robin, que nos mostraba a Milne como un desequilibrado -traumatizado por los horrores de la Primera Guerra Mundial-, papá maltratador de Christopher, el hijito inspirador.

Menos mal que la Disney, de nuevo, nos ha tranquilizado con una película seguramente algo aburrida, sin maldad alguna -nada de Ted o de Roger Rabbit- que dejará perplejos a muchos padres e hijos -no queda muy claro a quién va dirigida- pero que es, sin duda, bonita de ver, con esos frondosos bosques de Essex que inspiraron a Milne.