Menchu Lamas: «No puedes huir de ti misma»

La pintora viguesa considera que no hay postureo en el arte moderno y considera que para vivir del arte hay que meterse «en cuerpo y alma»

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Algunos meses después del primer contacto, Menchu Lamas (Vigo, 1954) me recibe en el estudio que comparte con su marido, el también artista Antón Patiño. Allí, en medio de lienzos y bajo el singular olor químico que comparten la mayoría de los talleres de los artistas, ponemos en duda que cualquier tiempo pasado fuera mejor, aunque los suyos fueron muy divertidos.

-¿Cómo era de pequeña?

-Bastante rebelde, decían. Es que mis padres emigraron a Venezuela y me llevaron con ellos. Cuando volví, con 8 años, la adaptación fue bastante dura. Por eso vine un poco salvaje.

-Usted tuvo un portagonismo notable en aquellos años tan efervescentes de la movida...

-Incluso antes. Antón y yo estudiábamos en Madrid y allí teníamos una estrecha relación con otros gallegos que estaban también estudiando allí: Josito Pereiro, Manuel Rivas, Suso Iglesias, Lois Pereiro, claro. Teníamos una inquietud cultural y, cuando veníamos aquí, a Vigo, pues teníamos a otra gente: Reixa, Pexegueiro, Alberto Avendaño, Quique Macías, Julián Hernández... Hasta que acabamos de estudiar manteníamos las dos relaciones.

-Los buenos tiempos...

-Sí, me acuerdo de una manifestación en Santiago muy divertida. Hicimos una pancarta roja escrita en ruso. Pero nosotros no sabíamos ruso. Antón había copiado las letras de un libro y hasta coincidió que estaba por allí Líster y nos preguntó: «Pero, vos sabedes o que pon aí?», ja, ja, ja. Cada vez que nos preguntaban decíamos una cosa distinta. Íbamos ocho y acabamos siendo más de doscientos. La gente salía de los bares y se nos unía porque había uno que tenía un acordeón y solo sabía tocar dos cosas: un trocito de La Internacional y un trocito de una canción de los payasos y lo íbamos alternando: cuando era La Internacional, levantábamos el puño y cuando eran los payasos, levantábamos la cerveza, ja, ja. Y todo era antes de los ochenta. Y las fiestas, aquellas fiestas eran apoteósicas...

-Casi siempre tendemos a mitificar los tiempos de nuestra juventud.

-Es verdad, porque entonces todo el tiempo era nuestro. Pero eran tiempos de una creación constante.

-¿Ahora es peor?

-Yo no diría eso. Lo que ocurre es que entonces era tal la pobreza cultural que había, que cualquier cosa que se hacía se veía mucho. Y ahora parece que no sucede nada, pero en realidad está sucediendo mucho. Quizás lo que no hay es la unión entre artistas que había entonces.

-Siempre le pregunto lo mismo a los de su gremio, pero ¿no hay un poco de postureo en el arte moderno?

-No lo creo. Si quieres vivir de esto tienes que meterte en cuerpo y alma. Estar creando es una forma de vida. No puedes huir de ti misma.

-¿En qué emplea el tiempo que le sobra?

-Me gusta mucho leer. Y andar. Leo todo tipo de novelas: históricas, policíacas, de misterio... Y andar me permite dejar que mi cabeza vuele. En el estudio hay muchas subidas y bajadas. Y me gusta mucho el cine. No sabe las veces que fui a aquellos programas dobles. Me encantaban.

-Pues seguro que vio muchas películas de Manolo Escobar.

-Sí. Y también lo conocí. Era un gran coleccionista. Tenía obra mía y recuerdo que alguna vez nos dio entradas para ir a verlo actuar. Nos decía: «Ya sé que no os va a gustar, pero por si queréis ir». Nunca fui, la verdad.

-¿Cuál es su museo favorito?

-Es una pregunta muy difícil. Me gustan aquellos museos donde puedo encontrar algo que no conozco.

-Una más fácil. Si tuviera que recomendar un solo museo en Galicia a alguien de fuera, ¿cuál le recomendaría?

-Esa es una pregunta demasiado comprometida. Le diría que se fuera a las Cíes, ja, ja.

-¿Su paisaje favorito?

-El mar. Mi mar es el Atlántico, este mar domesticado que son las rías. Cuando estoy en Madrid, en los días claros que veo la Casa de Campo, pienso que más allá está el mar.

-¿Podría decirme un verso?

-Sí, claro: «Chove para que eu soñe», de Uxío Novoneyra.

-¿Qué no ha hecho que le gustaría hacer?

-Escultura. Aunque aún estoy a tiempo. Nunca es tarde.

-Si fuera ministra de Cultura, ¿cuál sería su primera medida?

-Hummmm. (Formula un par de ideas que ella misma rechaza por ser responsabilidad de Hacienda). Aumentaría las becas y programaría más exposiciones hacia el exterior.

-Una canción.

-Yo soy muy de Siniestro Total. Veamos... Las tetas de mi novia. Una canción que hoy a lo mejor tendría problemas de censura.

-¿Qué es lo más importante en la vida?

-Aparte de seguir viviendo, el respeto y la familia.

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