¿Dónde están? ¡Que no se ven!

Eduardo Galán Blanco TRIBUNA

CULTURA

Más allá de las inevitables ausencias de cada temporada -la más llamativa de este año la tenemos en la notable Migas de pan, producción gallega de los irreductibles Manane Rodríguez y Xavier Bermúdez-, a nuestro juicio, para esta vuelta, los Goya nos llegan sin ninguna película verdaderamente sobresaliente en las candidaturas.

Lo mejor, como casi siempre, el puñado de actores nominados, donde si que encontraremos excelencia: Carmen Machi, Bárbara Lennie, Terele Pávez, Anna Castillo, Ruth Díaz, Belén Cuesta, Roberto Álamo, Antonio de la Torre, Luis Callejo, Manolo Solo, Javier Gutiérrez o los inconmensurables Roldán y Paesa de Carlos Santos y Eduard Fernández. Y lo peor está en el vergonzoso «castigo» cainita al «traidor» Trueba, ninguneado a los premios de consolación, cuando La reina de España es, al menos, tan divertida como La niña de tus ojos. Tampoco se ha sabido ver con generosidad la enjundia -¡esos soldaditos planchados y lavaditos!- de la nueva versión de Los últimos de Filipinas. Es verdad que Tarde para la ira, Que Dios nos perdone y El hombre de las mil caras son buenos thrillers, pero nada más que eso. Y, en el fondo, Un monstruo viene a verme tiene un punto tópico bajo un apabullante diseño. Hagamos ya la pregunta artera: ¿dónde están los Berlanga, Buñuel, Borau, Erice, Fernán Gómez o Saura de hoy?