Daniel Torres: «En mis cómics siempre utilicé la arquitectura como un personaje más»

FErnando Molezún A CORUÑA / LA VOZ

CULTURA

CESAR QUIAN

El autor presentó en Viñetas desde o Atlántico «La Casa», una extensa y minuciosa historia de la vivienda

13 ago 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

A pesar de tener una de las carreras más dilatadas del cómic español y de ser padre de una ecléctica colección de personajes entre los que se encuentra Opium, el dinosaurio Tom o Roco Vargas, el valenciano Daniel Torres acaba de publicar la obra por la que probablemente será recordado. Se trata de La Casa: crónica de una conquista (Norma). Un extenso relato sobre la historia y evolución de la vivienda a través de los siglos y por tanto también del hombre, que ha dejado con la boca abierta tanto a la crítica como al público e, incluso, a sus propios compañeros de profesión. Tras seis años desaparecido trabajando en este inconmensurable volumen, se acercó al salón del cómic de A Coruña, Viñetas desde o Atlántico.

-¿Cómo decide embarcarse en un proyecto de semejante envergadura?

-Me gusta la arquitectura. Incluso estudié unos años la carrera. Y siempre la he utilizado como un personaje más en mis historias. No solo como el fondo sobre el que se mueven los personajes, sino como un espacio con personalidad, que influye en la forma de actuar de los personajes. Así que decidí que, tras treinta años de trabajo, podía permitirme el lujo -con el apoyo de mi editor- de hacer un libro en el que la arquitectura fuese el personaje protagonista. Lo que pasa es que al final se estiró la cosa y en vez de protagonista se convirtió en una superestrella.

-Son casi seiscientas páginas. ¿En qué momento se le fue de las manos?

-No es que se me fuera de las manos. Desde el primer momento supe que no se trataba de un libro de cien páginas. Si quería hacer una historia de la casa que se ocupase de un mínimo de espacio de tiempo, iba a necesitar trescientas páginas como poco. Pero al final se fue un poco más allá. Pero mi editor me apoyó en todo momento, así que lo dejé ir.

-A pesar del número de páginas da la impresión de que hay cierta contención, que la cosa podía haber sido mayor.

-Mucha contención. Lo primero que hice fue acotar el tiempo y el espacio. Decidí limitarlo a occidente -Europa y EE.UU.- y tan solo 3.000 años. No cuento ni mi visión de la casa del futuro ni cómo se vivía en las cuevas, ni que la adaptación del hombre al medio hace que en algunas zonas se viva en casas de hielo, las viviendas de oriente...

-¿Eso abre la puerta a un posible segundo volumen? Puede que sea demasiado pronto para preguntarlo, debe estar exhausto después de semejante parto.

-No te creas. Nada más terminar el libro me puse a trabajar. Hice una exposición de acuarelas, un libro de Tom el dinosaurio y otro de Roco Vargas. Y sobre la posibilidad de volver sobre el tema en otro libro... No lo sé. Ahora mismo, no. Pero dado que está teniendo muy buena respuesta tanto por la crítica como por los lectores, pues dependerá más de la editorial. No es imposible.

-Detrás hay una labor de documentación titánica, y no solo en el plano arquitectónico, sino también en el sociológico, histórico...

-Claro, porque es un libro multidisciplinar. No es solo contar la historia de la arquitectura. Ya hay libros que la cuentan. Mi intención era contar la historia de la vivienda a través de la gente que la habita, y eso te hace estudiar antropología, sociología... Y mezclar todos estos temas, que quizá fuese lo más complicado de esta narración: ser fiel a la historia, pero de un modo ameno.

-Al fin y al cabo no es un tratado de arquitectura, sino una obra narrativa, con sus historias.

-Exacto. Es que ese es mi lenguaje, la narración gráfica. Además quería demostrar que con el cómic se puede abordar cualquier tema, hasta los más técnicos, con toda la seriedad y rigor posible, pero de un modo divertido. Para eso es idóneo este medio.

-¿Cómo se enfrenta a otros proyectos después de haber sacado adelante una obra de tamaña entidad? ¿Teme que pueda ensombrecer al resto de su producción?

-La vida continúa. Quizás otros trabajos no tengan el peso de La Casa, pero cada libro tiene su importancia dentro de su historia particular. Por eso este libro es tan atípico, no entra en ninguna colección ni bajo la cabecera de ningún personaje. Y eso lo convierte en especialmente arriesgado. En los años que tardé en hacerlo la gente se preguntaba dónde estaba Daniel Torres. Ahora toca retomar mi vida y mi trabajo habitual.

-Empezó su carrera publicando en «El Víbora» y «Cairo». ¿Cree que serían viables este tipo de publicaciones en la actualidad?

-Echo mucho de menos aquellas revistas. De entrada porque era joven, claro. Pero también porque era un producto precioso. Pero el mundo editorial ha cambiado mucho, a día de hoy no tendrían sentido. Como lector me encantaría que volviesen las revistas. Como profesional, por lo que sé de las editoriales, creo que sería algo muy complicado tal y como están las cosas. Pero fíjate, uno de los proyectos que tengo es algo relacionado con las revistas.

-¿Va a sacar una revista?

-No, no exactamente. Es más bien una especie de homenaje a aquellas publicaciones de los ochenta. Ya lo verás, que confío en que salga adelante.