Cela y el cine, una relación intermitente

Sus textos fueron llevados a la gran pantalla y la televisión, y él fue adaptador de diálogos, guionista e incluso actor, pero apenas opinó sobre el séptimo arte ni lo incluyó en su obra


Su relación con el cine, ya fue tratada, en parte, en la obra colectiva Camilo José Cela en el cine español. Las imágenes y el inventor de las palabras (2001), en cuyo prólogo el profesor José Luis Castro de Paz admitía que «la trayectoria del autor de La colmena es tan interesante históricamente como mal conocida en su conjunto». Aunque lo más popular sean las adaptaciones literarias de su obra a la gran pantalla y, en menor medida, a la televisión, Camilo José Cela mantuvo con el cine una relación intermitente, aunque escasa en opiniones propias, como también fueron limitadas las referencias en su obra escrita.

Hoy, día en que se cumplen 14 años de su muerte en el 2002 -y en el año en que se celebra el centenario de su nacimiento-, es un buen momento para analizar el impacto de esta relación. En una de sus contadas entrevistas sobre cine, a finales de 1978, Camilo José Cela Trulock (1916-2002) aseguraba a la revista Fotogramas «que decir que una imagen vale por cien palabras es una manera de hablar [?]. La imagen vale por la imagen, la palabra vale por la palabra, que no son sustituibles ni cambiables [?]. Son dos caminos dispares que no se interfieren además».

Tras recordar que veía cine «desde hace muchísimos años», aseguraba: «Me interesó mucho Chaplin y René Clair [?] y después todas aquellas películas vinculadas con lo intelectual. El cine pura imagen no me interesa demasiado», para confesar que nunca había «ido al cine con pasión de espectador». Y añadía: «El método de expresión cinematográfico a mí nunca me pasó por la cabeza utilizarlo. Esto es, nunca aspiré a dirigir una película». En cuanto a sus títulos más recientes como espectador, citaba el filme Canciones para después de una guerra (realizada por Basilio Martín Patino en 1971, pero estrenada en 1976), «muy conmovedora para los españoles que entonces estábamos metidos en este mundo ignorando todo lo que pasaba en el resto del universo»; la cinta argentina La Raulito (Lautaro Murúa, 1975), «muy bonita, también muy literaria»; y, finalmente, Lenny (Bob Fosse, 1974) «una película muy emocionante» de la que añadía: «Sus diálogos los traduje yo, no ya del inglés, sino del slang neoyorquino».

«Virginidad completa»

Apenas hay menciones al cine en su abundante corpus literario. Podrían señalarse tres excepciones. Dos obras de diferente género: los artículos y ensayos de La rueda de los ocios (1957), y su segundo tomo autobiográfico, Memorias, entendimientos y voluntades (1993). Se sumaría un recopilatorio editado en 1989 a rebufo de su premio Nobel, Lo que dijo en TVE Cela. En la primera de ellas recoge el texto Un artículo de cine, que bien podría referirse a su presencia en los rodajes de El sótano o Facultad de Letras, pues apunta: «En este experimento de hoy nos ha tocado en suerte el papel de actor», para anotar antes que «del cine sabemos tan pocas cosas que todo, absolutamente todo lo que vemos nos sorprende y nos llena de pasmo y de estupor. Nuestra virginidad es tan completa que hasta esta fecha ni habíamos visto rodar o filmar, espectáculo gratis, aunque aburrido [...]». Y regala una curiosa definición del cine: «El astro luminoso de los técnicos, el purgatorio gris de los mil oficios, el apacible y sordo limbo de las actrices y de los actores», para reflexionar sobre los directores, que, en su opinión, «arrastran una fama [?] a todas luces injusta, de hombres destemplados y malhumorados que rugen, vociferan, insultan, pegan patadas y dicen pecados».

Artistas y actores

En el mismo libro incluye el artículo Charles Laughton, Danielle Lamar y un padrenuestro por el alma del rey nuestro señor, escrito en Bogotá en los cincuenta, en que cuenta: «En la ciudad, la noche antes, Danielle Lamar escandalizaba, y Charles Laughton [?] recitaba a Shakespeare, a Dickens y a Bernard Shaw». Finalmente, en el artículo El arte de la ficción advierte: «Hay quienes llaman artistas a los actores y actrices de cine, que, en un sentido amplio, pueden a veces serlo, pero que nunca se han de considerar así por definición». Ya en el mencionado tomo autobiográfico, cita los estrenos de La quimera del oro (Chaplin, 1925), Luces de la ciudad (Chaplin, 1931), Una noche en la ópera (Sam Wood, 1935), Carmen la de Triana (Florián Rey, 1938) y Suspiros de España (Benito Perojo, 1939), y, entre otras referencias a actrices y actores y gentes del gremio, cuenta: «Al final de la calle Rodríguez Pinilla vivía [?] don Isaac Fraga, empresario de los teatros, que a veces eran cines, Beatriz y Alcázar; también tenía cines en Vigo y en otros lugares». En sus apuntes sobre TVE, en el texto Dudas sobre el cine, Cela opina sobre Buñuel: «A mí me parece que lo que le pasa es que tiene más talento que los demás, y se acabó. ¿Más fuerza? Sí, esa fuerza es una forma de talento».

De «La colmena» a «Pascual Duarte», pasando por el guion del «Quijote»

Adaptador de diálogos, guionista y hasta traductor de guiones, además de ocupar en 1946 el negociado de cine-clubes de la falangista Subsecretaría de Educación Popular del Ministerio de Educación Nacional, y aparecer como actor en filmes -como se recoge en Lo que dijo en TVE Cela-, con relación a sus valoraciones sobre de la adaptación de su obra a la imagen, el escritor gallego afirmó: «Estoy contento de los resultados obtenidos, en los cuales no me cabe ninguna parte de mérito, ni tampoco de demérito. Ha sido labor de todos los que lo han llevado al cine». La primera fue Pascual Duarte (Ricardo Franco, 1976), sobre su novela La familia de Pascual Duarte, con José Luis Gómez, que se llevó el premio en Cannes al mejor actor. De su relato La insólita y gloriosa hazaña del cipote de Archidona, Ramón Fernández realizó en 1979 la comedia protagonizada por Josele Román y Francisco Algora.

Finalmente, brilla el drama de posguerra La colmena, rodada por Mario Camus con un reparto encabezado por José Sacristán y Victoria Abril. Se llevó el Oso de Oro en Berlín (exaequo con Ascendancy, de Edward Bennett) y en ella aparece el propio Cela como el poeta Matías Martí, que culmina así sus apariciones como actor invitado en El sótano (Jaime de Mayora, 1949), Facultad de Letras (Pío Ballesteros, 1950) y Manicomio (Luis María Delgado y Fernando Fernán-Gómez, 1953). Sobre estos cameos, declaró a TVE que hizo tres películas, «a cual más mala, qué horror». Al referirse a Manicomio, contó: «El productor, que era un señor muy serio, me dijo: ?Mire usted, estábamos buscando [?] un actor capaz de comer hierba y dar coces, y hemos pensado en usted?. Y yo comía hierba de un florero y después me apoyaba sobre una mesa y daba dos coces al aire; pero una pobre extra, que había allí, no se quitó a tiempo y hubo que repetir la escena y buscarle una suplente, claro, porque quedó muy deteriorada».

Escritura fílmica

A mayores realizó los diálogos de Consultaré a Míster Brown (Ballesteros, 1946); los adicionales de las citadas El sótano y Facultad de Letras; y participó en el texto de El cerco del diablo (Neville, Ruiz Castillo, Nieves Conde, Del Amo y Enrique Gómez, 1950-1952).

Además, están las adaptaciones de su obra para TVE: el telefilme Viaje a la Alcarria de Camilo José Cela (1976) y la serie documental Del Miño al Bidasoa (1990). También escribió el guion de la serie del Quijote (1991) que filmó Manuel Gutiérrez Aragón para la televisión pública.

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