La dispersión se ha apoderado del fútbol. Mientras los jugadores calientan en la banda antes de asaltar la nueva temporada, los aficionados componen cuadros sinópticos que les sirvan de brújula en medio de una programación micronizada. Una cosa está clara, los partidos más apetecibles seguirán siendo, en su mayor parte, de pago. Pero será preciso confiar en la intuición para dar con la sintonía correcta, que puede estar, según el día, el campeonato o la audiencia prevista, entre Movistar+, beIn, TVE, Antena 3, La Sexta y Mediaset. Todo es cogerle el truco, revisar las programaciones a diario e ir entresacando entre la oferta marchita aquello que más convenga a cada cual, el ritual diario de cualquier espectador con algo de paladar. Nada que el futbolero de pro no pueda superar. Basta con ver el debate nocturno de Pedrerol, que ha sobrevivido a media docena de mudanzas llevándose tras de sí a una cohorte de seguidores de fidelidad inquebrantable. La pasión por el fútbol alcanza tales proporciones que las cadenas lo han convertido en su señuelo más valioso, unas, para captar más abonados; otras, para subir sus índices de espectadores. La operación funciona. Antena 3 le dio la vuelta al marcador de las audiencias esta semana con la Supercopa de Europa y promete ser este invierno, con la Champions en abierto, la dueña absoluta de los martes.