«Wilder Mind»

Javier Becerra
Javier Becerra REDACCIÓN / LA VOZ

CULTURA

Mumford & Sons han cambiado de rumbo en su tercer disco renunciando al banjo que los caracterizaba e hizo célebres en anteriores entregas

14 jun 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

Mumford & Sons han decidido torcer el rumbo en su tercer disco, tradicionalmente uno de los más complicados en una banda. Para ello han renunciado al banjo, algo que caracterizaba en gran medida ese sonido folk épico y luminoso que los hizo célebres en sus dos anteriores entregas. Pero no solo han perdido ese instrumento por el camino, sino cualquier tipo de chispa o personalidad. Si antes se podría decir que se trataba de una banda sobrevalorada, pero «que no estaba mal», ahora entran directamente en la categoría de los prescindibles. Y, sí, con muchísimos bostezos de fondo.

Pocas cosas se pueden salvar del álbum Wilder Mind. Como una sombra de lo peor a lo que han podido llegar Coldplay, The National y The Killers -la pompa vacía de los primeros, el tedio de los segundos y la pirotecnia sin brillo de los terceros-, el disco de los británicos discurre sin pena ni gloria por los trillados caminos del pecho hinchado, las luces cegadoras y las vacuas apelaciones al vello de punta. Arranques ambientales en susurros, crescendos que piden estallar en el estribillo, concesiones a la gravedad interpretativa, pianitos trotones, barnices sintéticos y voces rasgadas. Todo un maletín de maquillaje al servicio de un trabajo que básicamente adolece de lo elemental: la falta de buenas canciones. Todo un bluf.