Una Mostra de Venecia para la resurrección de Al Pacino y Leo Messi

Jennifer Aniston, Naomi Watts, Charlotte Gainsbourg y Ethan Hawke, entre otros, animarán El Lido


Aunque Alberto Barbera, el director de esta Mostra de Venecia, la número 71, quiera poner el foco sobre el abundante cine de esta edición que se caracteriza por abordar este tiempo de guerras y barbaries, de terrorismos de estado o de tribus, por profundizar a fondo en el compromiso con el presente, hay en el cartel del festival dos nombres que llaman la atención por una razón más bien esotérica o cuasidivina: su plausible resurrección. El primer candidato a tal hecho mirífico es Al Pacino. Actor seminal del cine del Nuevo Hollywood, a nadie se le oculta que Pacino -como, de forma aún más palmaria sucede con compañeros de quinta como De Niro, Hoffman o Duvall- hace años que inició su crepúsculo. Es por eso que hay gran expectación por ver si en el curso de estos diez días en la isla del Lido se produce la remontada del actor. Para esta titánica proeza de ave fénix, Pacino se presenta en Venecia con dos películas, una a concurso (Manglehorn, un melodrama del moderno y moderadamente prestigioso David Gordon Greene, en la cual comparte amor entre las ruinas con Holly Hunter) y la otra, The Humbling, dirigida por Barry Levinson, un pase especial que adapta la última novela de Philip Roth, cuyo universo de hombres desarticulados ofrece, a priori, mucho terreno para profundizar en su escuela del dolor a un Pacino que puede salir de este festival prometiendo un tramo final de carrera que complete su legendaria filmografía.

La segunda de las resurrecciones previstas en la Mostra -después, claro, puede haber más fuera de programa, por ejemplo las de veteranísimos como Andrei Konchalowski o enfant terribles avejentados, caso de Larry Clark- es la de Leo Messi.

El proyecto de tratar de racionalizar en un documental el milagro inextricable del Messi de la era Guardiola es anterior a que el argentino viviese su annus horribilis. Y algo de elegía o de tristeza, después de la temporada de naufragios con la blaugrana o la albiceleste, parecía acompañar a este film, Messi, para el cual se fichó al nada amigo de épicas cancheras Álex de la Iglesia. Claro que, como el futbol es pura dialéctica, siempre en marcha, ha bastado un domingo, el pasado, para que la estrella del argentino vuelva a generar mística. Es de suponer, en defensa del glamour estilizado de la pasarela del Lido, que Messi no asista al estreno con uno de esos trajes de sastrecillo valiente con los que nos hiere en la entrega de los Balones de Oro.

Descontadas estas dos beatificaciones, Venecia 2014 ofrece una disputa por el León de Oro que se prevé muy abierta (después de la cacicada de Bernardo Bertolucci barriendo para casa con el premio del pasado año), con algunos nombres que, en principio, pesan más: los del turco-alemán Fatih Akin, que aborda la masacre de armenios de principios del siglo pasado en The Cut, el francés Xavier Beauvois, que viaja a Vevey para narrar un intento de secuestrar el cadáver reciente de Charles Chaplin en La Rançon de la Gloire, el norteamericano Andrew Niccol, autor de una de las mejores distopías de la ciencia ficción reciente, Gatacca, y que concursa en Venecia con un chute de violenta actualidad, el de los remordimientos de un soldado norteamericano que dispara drones en Afganistan, Good Kill, protagonizado por Ethan Hawke. Y mención aparte para uno de los salvajes incorruptibles del cine de nuestro tiempo, Abel Ferrara, quien después de descalabrar -aún más si cabe- la imagen de Dominique Strauss-Kahn en Cannes, llega a Venecia con su visión de otro grandioso irredento, Pasolini, encarnado por su actor-fetiche, Willem Dafoe.

Naturalmente, en esta sección oficial, ha tenido ya protagonismo abundante la película inaugural, el nuevo filme de Alejandro González-Iñárritu, Birdman, en la que el mexicano (seguramente concienciado de que su carrera de fondo en el terreno de la tragedia le llevó al desastre en Beautiful) ha regateado el callejón sin salida con una comedia negra en la que Michael Keaton (¡otro resucitado!) interpreta a un actor que trata de superar su pasado de protagonista de películas de superhéroes -esto es, Keaton hace de Keaton- en Birdman en donde completan reparto Edward Norton, Amy Irving y Naomi Watts, que repite con Iñárritu.

Sophia Loren cumple 80

Después de que Cannes se adelantase a celebrar los 80 años de Sophia Loren, quien ofreció en la Croisette una curiosa master-class, Venecia no podía menos que rendirle la mayor pleitesía a la actriz italiana que, con su bagaje y su aura pasada, no debería renquear ya por televisivos culebrones de Mediaset. A ver si a base de homenajes la convencen de una sabia retirada a tiempo.

Otro de los tributos de esta edición es el dedicado a Peter Bogdanovich, uno de los míticos ángeles caídos del Nuevo Hollywood. Hay una coherencia de festival en esta querencia de Venecia por aquella generación de jóvenes bárbaros que tomaron la industria norteamericana en la década de los 70, para ser pronto descabalgados y expulsados hacia el ostracismo, porque en los dos últimos años, estuvieron aquí Michael Cimino y William Friedkin, para recibir el afecto por su acto libertario que fue, ni más ni menos, el último hurra del cine norteamericano.

Como ya se sabe que glorias creadoras como Bogdanovich quedaron en la lista negra, la única película que la vengativa y puñetera industria le ha permitido rodar en 15 años, She's funny that way, pasa por la condición de que Jennifer Anuiston y Owen Wilson, dos nombres con tirón, que usaban chupete mientras Bogdanovich filmaba obras maestras como The Last Picture Show, sean los que el día del pase de la película en el Lido se embeban de photo call.

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