Silencio... Se rueda otra vez

Clásicos y no tan clásicos sufren la fiebre del remake. No se libran los éxito de los 80 y 90. ¿La próxima? Una de surf y robos. Cualquier día un iluminado hará la versión de «Ciudadano Kane». Tiempo al tiempo


Si la tormenta perfecta no lo impide, el año que viene habrá otro Bodhi robando bancos y cogiendo olas. Es decir, que habrá un señor diciendo que el miedo provoca dudas, y las dudas hacen que tus peores dudas se hagan realidad. Que es casi lo mismo que decir que un cualquiera diga «nadie deja a Baby en un rincón». No. Hay cosas que o las dice Patrick Swayze o no las dice nadie. O esto pensaba yo, ilusa, antes de saber que Edgar Ramírez va a protagonizar el remake de Le llaman Bodhi, una de esas películas de los 90 que tan mal envejecen pero que en su día molaban. Porque eran una horterada. Pero eran nuestras horteradas. Y porque ésta, además, la dirigía Kathryn Bigelow, esa señora que al personal masculino le gusta decir que no rueda como una mujer porque al parecer las mujeres no ruedan bien acción por algún tipo de cuestión hormonal o genital, que es una forma muy fina de decir que los ovarios son a las persecuciones trepidantes como los testículos son a las comedias de Meg Ryan. (Esto a lo mejor lo pensaba también su ex cuando Bigelow le robó el Oscar con una peli de acción. Pero esta es otra historia...)

La van a hacer, nadie sabe por qué, y se ha caído Gerard Butler del proyecto con muy buen criterio, para dar paso a Edgar Ramírez, el venezolano que arrasó con Carlos (El Chacal), que aún no se ha pronunciado sobre el uso del agua oxigenada en la melena ni sobre los saltos en paracaídas ni sobre las caretas de expresidentes. De momento poco más se sabe, y nada de quién será el incauto que sustituya a Keanu Reeves, como si alguien pudiese imitar el tumbao que tienen los guapos al caminar con el que cierra la película.

Revisión o plagio

En medio de esta nostalgia de la EGB que empieza a cheirar a naftalina, descubrimos que no solo pasa en España esto de echar de menos las gomas Milán y los Juegos Reunidos. En EE.UU. este ataque de «¿te acuerdas?» les ha dado a los nuevos ejecutivos de los estudios. Los cachorros que disfrutaron en su infancia y adolescencia de Goonies, Gremlins, locas academias de policía y arrebatos de ciencia ficción con musculosos e inexpresivos protagonistas, están a la caza del público de su quinta. Desafío total o Robocop son las víctimas más recientes. Finales de los 80, principios de los 90, futuristas, las dos dirigidas en su día por Paul Verhoeven, las dos con un tono chusco que se diluye en esta década del siglo en efectos especiales.

¿Pero por qué si el público no clama a gritos por los remakes, los estudios se empeñan en revisitar clásicos y no tan clásicos? La respuesta la debe tener Gus Van Sant, culpable de ese plagio que es su Psicosis. Casi cuarenta años después, Van Sant se propone acercar la película de Hitchcock a un público que no está acostumbrado al blanco y negro, con una arrogancia del tamaño del motel Bates. Sir Alfred diría que, puestos a revisar, mejor que lo haga uno mismo: como en El hombre que sabía demasiado. De la primera a la segunda perdió a Peter Lorre pero ganó a James Stewart. Y dejó dos clásicos. Aunque el colmo de la autoversión la firmó el inquietante Michael Hanecke, que cogió sus austríacos Funny Games y los copió, con actores made in USA diez años después. ¿Resultado? Indefinible. Pero igual de desasosegante y violenta.

Sea falta de originalidad, sea buen olfato, Hollywood tiene la sana costumbre de fisgonear en el cine de otros puntos del planeta para repescar ideas. Cameron Crowe cambió a Eduardo Noriega por Tom Cruise, a Najwa Nimri por Cameron Díaz, y dejó a Penélope Cruz para Vanilla Sky, la versión blandita de Abre los ojos, de Amenábar.

Y que tiemble el cine argentino. Porque El secreto de sus ojos podría acabar sonando en inglés con las voces de Gwyneth Paltrow y Chiwetel Eliofor, con el aplauso (al menos en Twitter) de los productores de la peli original y servidora con pánico al desastre y al almíbar.

Aunque para pánico el que provoca una pesadilla recurrente... ¿y si cualquier día, un iluminado anuncia que prepara un remake de Ciudadano Kane y se queda tan ancho?

Psicosis

Ejemplo perfecto de que hacer cine no es solo poner una cámara delante de un actor y rodar planos. Van Sant no es Hitchcock, por mucho que lo intente.

Le llaman Bodhi

Un venezolano prometedor frente a un Patrick Swayze iluminado por el sol. Si las comparaciones son odiosas, ¿por qué?

Pe y Tom lo hicieron

Penélope Cruz y Tom Cruise dieron vida en Vanilla Sky a la versión blandita del filme español Abre los ojos, dirigida por Alejandro Amenábar. Pero que tiemble el cine argentino, porque El secreto de sus ojos podría acabar sonando en inglés con Gwyneth Paltrow en el reparto.

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