Stoker, la sombra de Drácula

La Fundación Luis Seoane rinde tributo al autor de la legendaria novela


redacción / la voz

Drácula no tenía reflejo, pero sí sombra. Se llamaba Bram Stoker (Dublín, 1847-Londres, 1912) y fue el autor de la novela con la que en 1897 nacía el último mito surgido de la iconografía contemporánea. El vampiro acabó por devorar a su creador, sepultado a los cien años de su muerte por la inagotable leyenda de su personaje. La exposición Drácula. Un monstruo sin reflejo abrió ayer sus puertas en la Fundación Luis Seoane de A Coruña para reivindicar el legado del escritor irlandés. «Stoker no era un piernas, ni un imbécil. Además de escribir una de las mejores novelas del siglo XIX era un intelectual respetado que se codeaba con lo mejor de la sociedad victoriana», apunta Jesús Egido, editor y comisario de la exposición.

La muestra, que reúne una sobresaliente colección de documentos y ediciones originales, exhibe dos tesoros que raramente se pueden ver en público. El primero es la edición príncipe de Drácula, el llamado yellow book. Este volumen, publicado en Londres en 1897 por el sello Archibald Constable & Co., pertenece a la colección del escritor Luis Alberto de Cuenca. «Es la única copia que tenemos localizada en España, puede haber alguna más en manos privadas, pero no está ni en la Biblioteca Nacional, ni en la del Ateneo de Madrid, que son las más completas», apostilla Egido.

La otra gran joya de la muestra es la colección de trece grabados de Goya, cedidos por la Calcografía Nacional, pertenecientes a las series Caprichos, Los desastres de la guerra y Los disparates. Las trece piezas tienen, claro, un tema en común: la presencia de murciélagos revoloteando entre los monstruos producidos por el sueño de la razón del siglo XVIII.

Vampiros gallegos

Tres textos protagonizan en la exposición la conexión gallega del mito: El vampiro, de Pardo Bazán; Un ollo de vidro, de Castelao; y Un claro del bosque, de Wenceslao Fernández Flórez, explica el editor Eduardo Riestra, que ha coordinado junto a Egido la exposición. Del Padre Feijoo se exhibe su célebre Carta XX, en la que el intelectual ourensano desmontó las teorías expuestas en 1751 por el francés Calmet en su Tratado sobre las apariciones de los espíritus y sobre los vampiros, un peculiar inventario de monstruos que se puede ver en la exposición junto a la bibliografía que utilizó Stoker para documentarse durante los siete años que tardó en escribir Drácula.

«Este libro no tuvo un Gustavo Doré que lo ilustrase, así que hubo que esperar hasta 1922 para tener la primera representación visual de Drácula: la película Nosferatu de Murnau, que le cambió el nombre al vampiro para no pagar derechos de autor», cuenta Jesús Egido ante los carteles de los filmes sobre Drácula protagonizados por Bela Lugosi y Christopher Lee.

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