15 feb 2011 . Actualizado a las 06:00 h.
Los Grammy son como San Valentín: creaciones de la industria con un fin, vender. Si la coartada ayer era la del amor, el domingo pasaba por reconocer la calidad musical. Y ahí hay que creer. O dejarse engañar. Este año lo han puesto más fácil: los Arcade Fire del 2010 volaron altísimo. Pero en el 2004 también y no hubo ni nominación. ¿Son mejores ahora? No. ¿Qué pasó entonces? Pues que ya son un gran negocio. Y eso, no se engañen, es lo que aquí importa.